Indígenas en Lima

En los laberintos y vericuetos dela Limavirreinal, horrenda y caótica pese al parque y la alameda, se encuentran en estos días  de paso y de visita fugaz unos seres venidos de tan lejos. Desde más allá del mar y sus criaturas míticas, desde más allá de la cordillera y sus misterios, han venido y no como turistas. Desde la remota  floresta, desde el patio trasero de siempre,  líderes indígenas van y vienen por la convulsa capital peruana. En su agenda bulle la protesta contra la explotación petrolera que pone en peligro la cabecera de cuenca, el Area de Conservación Regional del Alto Nanay, Pintuyacu y al  mismo ruidoso Iquitos.

El tiempo es un enigma siempre,  pero puede pasar en vano. A través de la historia, a lo largo de los años y los desengaños, los amazónicos han venido a Lima a pedir, a solicitar, a suplicar, como recordando al poder de turno que todavía estamos vivos. Desde la distancia, desde tan lejos, tuvimos que dejar de hacer nuestras cosas para arrendar por la capital peruana. Así, en 1594, caciques Ashánincas visitaron Lima y pidieron al virrey de entonces, el marqués de Cañete y aldeaños,  que les enviara misioneros. Años después, el líder Aguaruna  Hermenegildo Eintiurpa visitó el Congreso de entonces para solicitar que le construyeran una defensa al territorio de su comunidad amenazada.

Hoy no pedimos cosas o bienes. Solicitamos que apenas respeten nuestro derecho a la vida. El clamor de hace décadas, protesta que varias veces tuvo una resonancia local o regional, recién alcanza el ámbito nacional. En la agenda de los más de 200 conflictos peruanos, la voz de los líderes del Nanay resuena en Lima como una manera de recordarle al sordo Perú oficial que hay mucho que hacer para defender a las minorías, a los excluidos, a los marginados de ayer y del presente.