ESCRIBE: Jaime A. Vásquez Valcárcel
*Ahora que Luis Carranza ha vuelto a aparecer, como el 2021, como jefe del equipo técnico/económico de Keiko Fujimori es bueno analizar la propuesta de desarrollo para Loreto que en enero del 2025 explicó en un artículo. Haría mucho bien que se ponga en agenda el tema de desarrollo loretano desde el “extractivismo saludable” y el “estatismo dañino”.
En enero del 2025 el exministro del segundo gobierno de Alan García y hoy principal asesor de Keiko Fujimori, Luis Carranza, escribió un artículo “Puinahua es el Perú” y donde explica su idea central: el petróleo puede convertirse en motor de desarrollo si hay inversión privada, buena gestión y menos trabas burocráticas. Suena bonito.
El problema es que en Perú las frases “buena gestión” y “Estado eficiente” suelen convivir como dos desconocidos atrapados en un ascensor. Puinahua es un ejemplo de ello, con más razón hoy que tiene mayores recursos, generados principalmente por la inversión privada.
Hay un Estado ausente que cuando aparece ejecuta malas obras y, a veces, las abandona. La buena gestión que alude el propio Carranza no debe limitarse a la ejecución presupuestal positiva que demuestra el alcalde Giordano Mendoza.
Puinahua es el Perú, no hay duda, por sus contradicciones. Es un distrito con mucha riqueza petrolera, muchísima pobreza, brechas enormes en servicio de internet, salud, saneamiento, educación.
Si a esa lista no se añade electricidad es porque gracias al aporte privado por lo menos en la capital distrital hay energía eléctrica gratuita. Si no se amplía a las demás comunidades es porque algo está fallando y no es precisamente la inversión privada. Ahí cobra certeza la tesis que tácitamente explica Carranza: el Perú tiene recursos, pero no sabe convertirlos en bienestar.
En ese mismo artículo Luis Carranza explica que se cambió, para mejor distribución, la Ley de Canon en Loreto. Se hizo, dato importante, cuando estaba en el gobierno Dina Boluarte, desde el Congreso de la República, con una gestión inicial del actual gobernador de Loreto, René Chávez. Gracias a esa redistribución Puinahua pasó de recibir anualmente 500 mil soles el 2023 a 22.6 millones el 2024 y el 2025 27.1 millones.
Según el portal del Municipio de Puinahua y del MEF se ejecutaron obras de agua y saneamiento, electrificación, escuelas, proyectos productivos. Eso demuestra, según Carranza, que cuando el dinero llega directamente a los territorios productores, sí puede haber desarrollo. Sin embargo, las brechas aún están abiertas y el economista el 2025 planteaba una defensa de la inversión privada petrolera porque genera empleo, canon, fondos sociales y, por lo tanto, crecimiento económico.
Es cierto que se critica a la burocracia que todo lo hace mal y demorado. Eso provoca que la explosión de algún conflicto social sea un peligro permanente. El Estado no debe obstaculizar sino facilitar, esgrime el actual asesor económico de Keiko Fujimori.
Puinahua es el Perú, claro. Porque desde su mirada de “capitalismo popular con paz social” en ese distrito loretano se tiene que aplicar la receta que el país espera: Que se activen más lotes petroleros para que los distritos productores tengan más canon, crezca el empleo y, además, se reduzca la pobreza. Esa visión desarrollista, fácil de mayor explotación de recursos naturales para mayor progreso, aún no ha funcionado en ninguna parte del país. Puinahua es el Perú.
Repito. El análisis de Carranza se sostiene en que el petróleo trae desarrollo, aunque admite que durante años no trajo eso para Puinahua. “Hasta 2024 prácticamente nada”, exclama Carranza en ese artículo de enero del 2025. Estamos en la mitad del 2026 y hace pocos días se ha terminado de entregar el cuarto “bono solidario” a cada uno de los pobladores. La capital distrital, literal, se convirtió por varios días en una especie de mercado persa, donde comerciantes llegados de otros lugares ofertaban todo tipo de productos. Cada poblador ha recibido 3 mil soles lo que ha dado un circulante pocas veces visto. Eso no está mal, aunque sólo se aliente el consumismo y, valgan verdades, ese no fue el espíritu del Fondo Social y siendo una excepción se está convirtiendo en regla. Todo ello demuestra que sólo la inversión privada no produce desarrollo.
No se crea que las brechas en Puinahua no se cierran por ineficiencia en el gasto regional. Existen fondos gastados en consultorías con organismos que tienen sede en Lima, que la remediación ambiental es inexistente porque esos mismos organismos muestran una mala ejecución del gasto público. Es decir, lo de siempre: el sistema de administración del dinero tiene problemas graves.
Históricamente se sabe que los recursos para remediación existen y son necesarios pero no basta “asegurar recursos para remediación” si es que no se asegura el buen uso. Carranza parece más inclinado hacia lo económico que hacia un equilibrio ambiental-social. Lo primero es importante, lo segundo también y deberían marchar en paralelo.
Carranza critica la ideología al afirmar que “por pura ideología se impide la inversión privada”. Su artículo es ideología pura. Está bien que así sea, además. Está bien que se defienda el modelo liberal-extractivista donde se rechaza la participación estatal a través de Petroperú y se promueva de alguna forma menor regulación para evitar obstáculos. Hay obstáculos que frenan el desarrollo y hay otros que frenan los excesos y abusos.
Bienvenida y necesaria la inversión privada, sin ella no hay crecimiento posible. Bienvenido el modelo extractivista combinado con el ambientalista porque ambos se complementan. Eso ya se ha comprendido desde el Estado ausente y desde los inversores presentes.
Carranza ha sostenido en diversos foros que el desarrollo de Loreto tiene que sustentarse en la explotación petrolera, la actividad forestal y la propuesta turística. Aunque afirmar que el petróleo puede sacar a Loreto de la pobreza mostrando cifras probables y sosteniendo que ello se dará siempre que haya inversión privada y buena administración es un poco irrealista, cuando no fantasioso por la misma realidad de Puinahua, que es el Perú. Las contradicciones están ahí: décadas de explotación sin desarrollo, corrupción estatal, poca atención ambiental. Todo ello resumido en la confianza excesiva en que más dinero automáticamente traerá progreso.
Carranza resume su propuesta en la promesa de desarrollo basada en recursos naturales, pero en Perú ya se demostró varias veces que tener riqueza no significa repartir bienestar. Ahí están las regiones mineras multimillonarias con poblaciones paupérrimas que carecen de hospitales y colegios, de agua y electricidad y donde el Estado, que somos todos, no ha podido convertir la riqueza explotada en gente acomodada.
Lo ideal es propiciar un modelo intermedio donde las brechas se acorten y, primero, se tengan servicios básicos. Primero el agua, la electricidad, la conectividad, en ese orden. Si van de manera paralela, bacán. En nuestra realidad no se puede ser liberal criticando la dejadez del Estado y a la vez invocando su regulación. Como no se puede ser estatista, dejando que el Estado lo haga todo, porque el bienestar tiene que darse con una alianza pública/privada. Ambas se complementan y necesitan. Petroperú es la muestra de ello. Petrotal es la evidencia de ello.
Algo está fallando en la propuesta de Carranza porque ni la misma candidata Fujimori en su última visita a Bretaña pudo describir con coherencia las necesidades de sus pobladores y ofreció soluciones a temas que ya no son problemas. Lo que lleva a pensar que si Puinahua es el Perú, queda claro que Luis Carranza no es Fuerza Popular, felizmente.

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