En concurrida y apoteósica ceremonia, en sostenido y parrandero evento, se realizó ayer la boda masiva y convocante de gatos. El mismo se ejecutó en plena plaza de Armas y contó con la participación de todas las autoridades más los subalternos de todo pelaje y sueldo. El acto nupcial de los mínimos hogareños y remontados contó con la presencia de 2 orquestas que situados estratégicamente en dicho recinto público dieron rienda suelta a la música de amor y sentimiento matrimonial. La fiesta del casorio convocó a tanta gente que no cabía ni un alfiler y se tuvo que apelar a cierta energía para ordenar el caos que por momentos, sobre todo cuando los animales intercambiaban aros para darle mayor seriedad a ese matrimonio entre maullidos, garras y colas, parecía desbordarse. Afortunadamente, los gatos, machos y hembras, fueron adiestrados por expertos maestros que vinieron de la capital y así lograron participar como novios y novias que no se hacían de rogar para dar el sí.

Desde las primeras horas de la mañana, mientras la ciudad se paralizaba por acto tan trascendente, los gatos aparecieron vestidos elegantemente con sombreros de alas anchas, corbatas de varios colores, camisas ajustadas o blusas seductoras y pantalones o trajes de primera calidad. El sacerdote encargado de dirigir el casorio desplegó toda su capacidad para evitar alguna trastada de los animales y por fortuna logró que cada gato o gata cumpliera con el rito religioso del matrimonio. Las escenas fueron emocionantes y algunas mujeres derramaron lágrimas de felicidad al ver a sus mascotas felizmente casadas. Otros tiraron la casa por la ventana y armaron parrandas hasta las últimas consecuencias. Era de verse cómo el público se sintió muy tocado por ese matrimonio masivo que fue el punto culminante en una ciudad tomada desde hace tiempo por gatos y gatos.

Todo comenzó cuando a alguna autoridad se le ocurrió imitar la crianza de gatos de un ciudadano desconocido. Este criaba unos 25 gatos en franca guerra contra las ratas caseras. La interesante iniciativa permitió el calco y la copia y pronto salieron caravanas en autos que visitaban las casas entregando gratis un par de gatos. En poco tiempo la ciudad quedó copado por los gatos de ambos sexos que no tardaron en reproducirse y así se llegó a considerar mejor al que criaba más gatos. La ciudad se engató de la noche a la mañana y era común trabajar, comer, dormir y hacer otras cosas rodeados de todos los gatos posibles. Las ratas habían desaparecido y había ciudadanos que llegaron a tener más de 300 gatos en su poder. Ello motivó la iniciativa de alguna autoridad de realizar el matrimonio masivo de gatos para legalizar los enlaces naturales de esos animales.