Crónicas bahianas (II)

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Así es Bahía. Ese es su clima, ligado al pasado, mirando atentamente al futuro

Jorge Amado

Desde el paseo marítimo del barrio de río Vermelho puedes divisar los grandes buques que están esperando entrar al muelle. Uno tras otro como en el puerto de Montevideo, solo que aquí la luz del sol es intensa, me recordaba mi paso por Cotonou. En el horizonte marino también puedes observar pequeñas embarcaciones de pesca artesanal y los saveiros, tan citados por el noble vecino de este barrio como lo fue Jorge Amado y su mujer Zélia Gattai. Ese es el clima de los tiempos de Bahía. Entre ese pasado de saveiros y lo que es el actual comercio marítimo. Se puede palpar en sus ruas aunque ello llevaba el refunfuño de Amado porque las casas tradicionales y decoradas de pinturas muy peculiares se contrastan con las grandes moles de cemento que son unos vulgares edificios a momentos rompen el encanto- el boom inmobiliario está en todas partes y afean las ciudades. Anoto en mi libreta de viaje que en un museo de Bahía hay una escultura a Antonio Conselheiro, sí, el de Canudos y el de la novela de La guerra del fin del mundo, me picó el gusanillo de ir a verlo; S me mira y sonríe, sabe de mis obsesiones y terquedades.  Aquí bulle la vida desde muy temprano, el sol casi te penetra la piel. Salía a caminar por Rua da Paçiência a las seis de la mañana con buen sol y la gente ya estaba en la calle dando sus paseos cerca del mar algunos riendo y otros muy serios, bom dia con esa d que parece a la sh y muy cantado al pronunciarla. Es una gozada caminar muy temprano a las orillas del mar, no tiene precio y las ideas se ordenan mejor. Por esa parte de la playa ya estaban en plena actividad los pescadores, algunos partiendo a la pesca en sus botes o regresando de ella por la Casa de Yemanjá, donde se pesa lo conseguido del mar. Lo que más me atrae de sus calles son los grafitis y pinturas de los murales donde lanzo un disparo, clic, de la cámara de fotográfica. Creo que no hay barrio en esta ciudad que se precie que no haya grafitis en las paredes como el FORA TEMER o AMAR E LOCURA cerca de unos puestos de venta de un acaraje, para mí esas pintas son un claro indicador que las calles no están muertas, que se respira cierta rebeldía. Ojalá sea así.

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