El tiempo está muy revuelto. No sólo porque lo dice la persona que anuncia la meteorología sino también por el clima político de ambos lados del Atlántico. Hago ese ejercicio contrapuntístico para no perder la sana costumbre. Aquí en esta parte de Europa del Sur el ambiente anda muy crispado. Al actual presidente de gobierno que lo ejerce por el triunfo de una moción de censura, previsto en las normas constitucionales, no hay día en que tratan de deslegitimarlo. Dicen que es un okupa. Es un ejercicio irresponsable de la política quienes argumentan eso pero así anda el mundo. Va ganando el relato de la crispación, del miedo, del temor al otro. El relato del fascismo social va ganando adeptos desdibujando los corruptos que son sobre las arcas públicas. Lamentablemente la izquierda hace poco para parar ese discurso. Está mirándose el ombligo. Cada día lo que antes era censurable en la palestra, se normaliza con facilidad. Se jactan de ser racistas, por ejemplo. Los complejos de antes son las virtudes de hoy. Se inunda el ágora con odio, se contamina vertiendo estiércol. Confieso que cuando leía sobre política española en los montes pensé que esta era diferente. Menudo chasco. Pero esto todo lo contrario. He llegado a un punto de saturación que apago la tele cuando escucho hablar de política a los políticos. Al otro lado del charco, se observa que la vida política anda casi por los mismos jardines. En Perú, un expresidente de la República busca asilo en una embajada ante su posible implicación penal de lavado de dinero y otras corruptelas. Es una persona que no tiene sangre en la cara. Casi toda la ciudadanía de Perú piensa que él es una persona corrupta por su desmedido patrimonio que muestra pero él, un capo de la instrumentalización política, se va de rositas ¿podrán pillarlo alguna vez? En ambos lados, el sistema democrático de baja intensidad está en crisis y nadie se atreve a reanimarlo.

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