El decano del Colegio de Psicólogos alertó que el embarazo adolescente continúa generando impactos severos en la salud mental y en el proyecto de vida de menores, tras la publicación de las cifras oficiales correspondientes al 2025. El especialista señaló que la maternidad temprana no solo implica un cambio físico, sino una ruptura abrupta del proceso de desarrollo emocional.

“Un adolescente no está preparado psicológica ni físicamente para asumir la responsabilidad de ser madre o padre. Esto suele desencadenar cuadros de depresión, ansiedad, crisis de identidad y aislamiento social”, explicó.

De acuerdo con el Ministerio de Salud (Minsa), el país mantiene una tasa cercana al 8% de embarazos en adolescentes entre 15 y 19 años en los últimos años. En determinadas regiones, especialmente aquellas con mayores niveles de pobreza y limitada cobertura educativa, el indicador supera el promedio nacional. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) también ha reportado que el embarazo temprano se concentra con mayor frecuencia en hogares con bajos ingresos y menor nivel educativo. El decano identificó como factores de riesgo la falta de comunicación en el hogar, la ausencia de educación sexual integral y el limitado soporte emocional.

“Cuando padres y madres no abordan temas como sexualidad, consentimiento o límites corporales, los adolescentes buscan información en otros espacios donde no siempre es confiable”, mencionó.

En el caso de menores de 14 años, recordó que todo embarazo constituye legalmente una violación, lo que agrava el impacto psicológico. En estos escenarios, además de la maternidad forzada, las adolescentes enfrentan traumas asociados a la violencia sexual, con secuelas que pueden prolongarse en la adultez. Organismos internacionales como el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) sostienen que la prevención requiere políticas públicas sostenidas, acceso a servicios de salud diferenciados para adolescentes y fortalecimiento de la educación sexual basada en evidencia. El especialista concluyó que el embarazo adolescente representa un factor de riesgo que afecta el desarrollo académico, social y económico de las menores y que, en un plano más amplio, impacta en la estructura familiar y en la dinámica social. La prevención, afirmó, depende de una acción coordinada entre familia, escuela y Estado. 

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