ESCRIBE: Héctor Tintaya
Debe ser que ya los años pesan y uno se vuelve más reflexivo o ingenuo. Intenta orientar al elector joven e «inocente» aunque esto sea contraproducente e improductivo, pero igual siento que una ilusa luz que ilumine, de un periodista que reflexiona a diario sobre la avalancha informativa y que confunde, puede ayudar. Primero no hay que votar por los responsables de este desmadre en el Congreso y el país. Son 9 partidos políticos que no deben pasar la valla. Es difícil, pero con que no pase la mayoría o los más malignos se habrá avanzado algo. Parece que hasta ahora hay 6 que no entran, pero se requiere que aumenten. Todos los posibles están en empate técnico, por eso aún estamos a tiempo de emitir el voto por el menos malo (nunca hay partidos perfectos o del todo buenos). Ese candidato que talvez lo habías dejado de lado o desechado por pequeño en las encuestas, pues aún tiene esperanzas no sólo para darte el gusto de elegir bien para ti, sino porque ayudas a la posibilidad de que más grupos nuevos pasen la valla y no les resulte tan fácil capturar el Congreso como ha venido sucediendo en los últimos años.
Es cierto que es una apuesta complicada, talvez ingenua más aún sabiendo, con los años que llevo de ver estas decepciones, que no se cumplirá, pero por lo menos es una esperanza, una duda. De eso se trata una elección finalmente, de esperar que con un solo voto cambie el país. Del otro lado están los que ya tenemos la certeza de su actuación corrupta, buscando solamente sus intereses personales y del grupo económico al que pertenecen. La última noticia de como van es que todos los que tenían esperanzas de pasar la valla, pueden hacerlo, por eso caer en la desinformación de los que dicen viciar el voto o anularlo porque no servirá, son precisamente los que organizaron todo este caos de la cedula y están esperando que te decepciones de todo y de todos, mires a otro sitio para que las cosas sigan como están.
Por eso siento que es ahora o nunca, que debemos castigar al «pacto mafioso» votando en su contra. Es hora que aspiremos a mejorar nuestro futuro. Repito, es una apuesta al porvenir incierto, pero de esas posibilidades estamos llenos los peruanos y en la incertidumbre nos manejamos bien, parece estar en nuestro ADN social. Todos los indicadores macro e internacionales son favorables para buscar un crecimiento sostenido y mayor en los próximos años y el gobierno que ingrese, si deja de lado la revancha, los enfrentamientos y los privilegios de clase, estoy seguro que puede sentar las bases para que ese crecimiento se convierta en desarrollo para todos. No para unos cuantos, no para cierta clase social, no para la estadística fría sino para la gente real, para los millones de decepcionados que no creen que la política les puede cambiar la vida cuando en realidad sí puede hacerlo cuando cae en buenas manos y no en los mismos de los últimos años. Es ahora o nunca.

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