Hoy, en el Día de la Tierra, queremos poner sobre la mesa un tema clave para la conservación de la naturaleza, la protección de los ecosistemas frágiles. En los últimos días, expertos y ciudadanos han discutido sobre cómo proteger de manera efectiva estos espacios naturales, que por sus características son más vulnerables a los impactos humanos y a los cambios del entorno.

El debate surgió a raíz de una propuesta del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), que fue puesta en consulta pública mediante una resolución publicada el 1 de abril de 2026 por un plazo de quince días calendario. Se trata de los nuevos lineamientos para identificar y actualizar los ecosistemas frágiles, es decir, las reglas con las que se definiría qué espacios naturales entran en esta categoría y cómo se revisa esa condición con el tiempo. Ese proceso ya terminó y ahora queda esperar si la versión final de los lineamientos recogerá los cuestionamientos planteados.

Para entender mejor este tema, te mostramos cinco claves que ayudan a explicar qué está en discusión y por qué importa.

¿Qué es un ecosistema frágil?

1. La primera clave es entender qué es un ecosistema frágil. La Ley General del Ambiente señala que estos espacios requieren una atención especial porque tienen características únicas y pueden verse más afectados por cambios en el clima, actividades humanas o desastres naturales.

Entre ellos menciona, por ejemplo, desiertos, tierras semiáridas, montañas, pantanos, páramos, jalcas, bofedales, bahías, islas pequeñas, humedales, lagunas altoandinas, lomas costeras, bosques de neblina y bosques relictos. Y lo más importante, se trata de ecosistemas con baja capacidad de retornar a sus condiciones originales cuando sufren alteraciones profundas.

2. Entendiendo qué son los ecosistemas frágiles, la segunda clave es qué buscaba regular la propuesta del Serfor en consulta. Según la resolución publicada por la entidad, los lineamientos estaban orientados a la identificación y actualización de ecosistemas frágiles para su incorporación en la Lista Sectorial de Ecosistemas Frágiles. En términos simples, el instrumento buscaba ordenar el procedimiento para reconocer estos espacios dentro de una lista oficial. 

Desde la entidad se ha sostenido que el objetivo es fortalecer su gestión. Pero las observaciones presentadas señalan que el problema no está solo en el trámite, sino en el enfoque mismo con el que se plantea la norma.

Cuando el ecosistema se reduce a un “área”

3. La tercera clave está en uno de los principales cuestionamientos a la propuesta. Especialistas advierten que el texto no trata al ecosistema frágil como un todo, sino que lo reduce a áreas específicas que podrían ser incorporadas a una lista. El problema es que eso podría dejar fuera otras partes del mismo ecosistema y sin medidas claras de conservación.

4. La cuarta clave tiene que ver con lo que podría ocurrir si ese enfoque se mantiene. Una de las principales alertas es que la propuesta podría dejar sin protección efectiva partes importantes de humedales, lomas u otros ecosistemas vulnerables. Sobre todo cuando ya existen derechos otorgados, superposiciones o actividades en marcha. Los expertos cuestionan que esas situaciones puedan frenar su reconocimiento o su actualización dentro de la lista. Esto porque un ecosistema sigue siendo frágil aunque ya esté siendo presionado o intervenido.

Puerto Viejo y lo que está en juego

5. La quinta clave es que esta discusión ya salió del plano técnico y tiene efectos en el territorio. El caso de la comunidad de Puerto Viejo, en Cañete, muestra justamente eso. Allí, la comunidad advirtió que la propuesta debía ser más precisa para evitar interpretaciones que terminen debilitando la protección de sus humedales. Uno de sus principales reclamos fue que los derechos preexistentes no impidan reconocer o incorporar un ecosistema frágil en la Lista Sectorial, ni frenen su actualización cuando ya forma parte de ella.

Miembros de la comunidad que defiende los humedales de Puerto Viejo. (Foto: Salvemos los humedales de Puerto Viejo)

Otro punto que la comunidad observó fue el llamado “compromiso de sostenibilidad”. Señalan que este concepto debe explicarse mejor para que no quede en palabras generales. Para ellos, eso debería reflejarse en reglas establecidas que eviten autorizaciones o cambios de uso que puedan dañar el ecosistema. La preocupación es que, si el texto no es preciso, termine dejando vacíos justo donde la protección debería ser más firme.

Ahora empieza una etapa decisiva. Queda por ver si la versión final de los lineamientos incorporará las observaciones planteadas por especialistas y comunidades. Lo que está en juego va más allá de un trámite administrativo. Se definirá si esta norma servirá para fortalecer la conservación de ecosistemas especialmente sensibles. O si dejará espacios vulnerables expuestos a interpretaciones que podrían debilitar su protección.

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