En otro aniversario

El tiempo, esa sucia palabra, como dice el poeta Rodolfo Hinostroza  sobre el feroz paso de los días, los años, ha transcurrido raudo desde entonces. Desde que apareció por primera vez este medio escrito. En una ciudad donde la publicación  se malogra rápido, donde se sueñan tantas ediciones que nunca salen, donde no es extraño  conocer la quiebra luego de algunas salidas,  donde es habitual acabar vegetando entre el conformismo y las seguras y jugosas facturas mensuales,  Pro & contra tenía un destino inseguro, incierto.  No había ninguna garantía de que ese proyecto iba a perdurar.  Pero han pasado casi dos décadas y todavía existe.  Esa es su primera victoria.

En estas tierras donde todo se daña breve, como sostuvo don  Francisco Requena refiriéndose a la Amazonía, insistir, persistir, durar, es una hazaña sin precedentes. Es un heroísmo de provincia, del país de adentro.  ¿Cuántos mensuarios, semanarios, diarios, ha visto morir Pro & contra desde que vio la luz del día, desde que nació con modestia en la cuadra doce de la calle Putumayo?   Los medios que parecían indestructibles se arruinaron.  Para siempre.  Pero el hecho de persistir contra el sepulcro no es todo. Es solo el punto de partida.

Entre el primer medio escrito, el “Boletín Municipal”,   y el último medio que quebró con penas y sin glorias, hay siempre una continuidad en el desastre.  Ese desastre no es efusión del destino perverso  o intervención de los hados de la fugacidad. Surge de la ubre del poder que financia todo, que mete las manos y las patas a cada rato, que domina la edición gracias al dinero que paga.  Este medio definió desde el inicio su vocación de independizar la información de cualquier tipo de poder, de cualquier contrato de publicidad.  En el drama de la lucha entre prensa y poder, drama sin final que ningún medio puede soslayar,   ha mantenido su capacidad de no ponerse la mordaza, ni admitir la censura.  Ello es una lucha silenciosa, acaso secreta.  Pero gratificante.

El periodismo como el mejor de los oficios no es solo una frase hecha y repetida hasta el cansancio. Es una verdad vital, una verdad de surtidos hervores. Donde la profesión se convierte en una notaría de los sucesos diarios, en un museo de palabras escritas que hacen la historia cotidiana. En el día a día de su vida, Pro & contra le ha puesto una salsa de casa picaresca, un sabor de irreverencia fecunda, una confrontación a toda seriedad sin sonrisa.

En 1877, año en que apareció el primer medio escrito en Iquitos, todo estaba  por hacerse. La frase es de don César Lequerica Delgado. Hoy es igual. Tanto falta por hacer que no se debería dormir.  Desde el inicio de su existencia,  Pro & contra entendió que faltaban tantas cosas entre nosotros.  Y en dieciocho  años ha impulsado tantas cosas, no quedándose en la mera agonía del cierre de edición. Como ningún otro medio de su tiempo, se ha acercado al público con algo más que su portada, la noticia escrita.  Y eso precisamente es su más grande mérito.  

“La mejor  tierra” es la primera noticia de la utopía amazónica. Apareció en 1560 y era la esperanza en días mejores, la ilusión de la dicha posible. En sus casi dos décadas, este diario ha sido el centro propulsor de una intensa, formidable  y contundente campaña cultural, donde la edición de libros es su centro vital. De esa manera, “La mejor tierra” para Pro & Contra es un lugar donde el hombre y la mujer  tendrán acceso directo a los distintos tipos de creación artística. Entonces, solo entonces, nadie ocupará el último lugar en comprensión de lectura.

1 COMENTARIO

  1. Mis felicitaciones a este diario por su labor incansable en difundir información veraz y concienzuda y por brindar, de igual manera, buena literatura a través de su revista de periodismo y literatura KATENERE. Saludos al maestro poeta y narrador e historiador Percy Vilchez Vela.

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