Aturdidos por el ruido político permanente no hemos notado la avalancha editorial que se vive en el país donde, para variar, Loreto no está presente porque, entre otras cosas, la posibilidad de una alianza pública/privada es lejana debido a la mediocridad de las autoridades.

Salir de Iquitos por estos días lleva a comprender el movimiento bibliográfico limeño representado en el FIL donde, como bien lo explicaba Santiago Roncagliolo, premiado y visitante ilustre en un Iquitos que ojalá vuelva, hace poco más de una década era imposible encontrar editoriales que se interesen por publicar libros y, menos todavía, encontrar colas esperanzadoras de lectores ávidos de escuchar a su autor favorito o interactuar con referentes nacionales y extranjeros de las letras. ¿Puede alguien explicar cómo es que un autor relativamente joven como Renato Cisneros tenga que huir casi despavorido de la sala para refugiarse en un cuartito donde firmará autógrafos? Y no es una generación espontánea. Porque lo que hoy se vive en el distrito de Jesús María también se vive hace años en Miraflores y se experimenta en Lima Norte, Trujillo, Huancayo, Arequipa y en menor medida en Tarapoto y Pucallpa.

Qué está corriente llegue a Iquitos lo veo muy difícil. Porque hemos caído en la siesta de la mediocridad y, todo hace indicar, que nos sentimos cómodos en esa condición. Algo nos está fallando o algo hemos hecho mal para que esta avalancha ni siquiera se acerque a la capital loretana. Y no es la intención de husmear en las diversas entidades académicas para encontrar responsables. Pero, sirva solo como ejemplo, en la edición de «El espíritu de los ríos» de Marco Martos -otro de los tantos que estuvo en Iquitos para hablar de poesía- intervino la DDC de San Martín y esa publicación el tema es la Amazonía. Y quien lo presentó fue Gino Ceccareli, quien por estos días anda más contento que en otras épocas porque expone, da entrevistas y habla sobre arte de su tierra y en su tierra ni enterados. Junto con otros artistas que tienen como denominador común no ser parte de la agenda de ninguna autoridad.

Hay esfuerzos aislados, claro. Pero eso explica, pues, que no estemos en la ruta bibliográfica del país. Y las ferias sean ambientes esquivos para los nuestros.