Y LOS MARGINADOS DEL ANIVERSARIO

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[La fundación de Iquitos].

Escribe: Percy Vílchez Vela

 

La celebración entre nosotros es muy abundante. En los 365 días de todos los años tantas cosas que festejar que a veces puede faltar el tiempo y las ganas. Cada año, por ejemplo, se celebra el 5 de enero como la fecha de la fundación oficial de Iquitos. Desde hace tiempo, ese aniversario se basa en una programación única, invariable, donde por lo general se habla de los marinos audaces que vinieron por río a fundar la ciudad. Nadie puede negar que ese hecho es un aporte indudable. Pero eso hace olvidar por completo a los primeros moradores que habitaron esta isla.

 

Es decir, debido a una serie de factores, de exclusiones y de marginaciones, se olvida de los Iquito. Estos, en una fecha imprecisa e indeterminada,  arribaron  a ese lugar rodeado de tantas aguas y fueron los primeros que la poblaron. El primer núcleo de asentamiento fue en lo que ahora es la Zona Baja de Belén. Donde queda ahora la plaza 26 de julio realizaron sus sembríos de yuca y plátano. Con el correr del tiempo, con el arribo de otros forasteros, los Iquito formaron un barrio donde solo podían estar ellos. Había otro barrio donde estaban los mestizos y los extranjeros. En ese tiempo había cuatro calles de tierra y el segundo núcleo de poblamiento incluyó lo que ahora esa la plaza de Armas. Los Iquito eran numerosos cuando arribaron los barcos enviados por Ramón Castilla.

La presencia de los recién venidos en esa aldea fue un trauma para los Iquito. Pues,  arbitrariamente,  estos dieron inicio a una nueva demarcación del territorio, se apoderaron de terrenos y no demostraron ningún interés en los oriundos. El programa estatal no incluía a los indígenas. Estos,  ante esa marginación, no tuvieron más remedio que  apartarse del lugar donde había vivido, muchos de ellos se fueron hacia  las zonas periféricas y los demás retornaron a algunos lugares del Nanay. Es decir, el linaje cuyo nombre había adoptado la isla, fue segregado, separado y alejado de la ciudad que se formaba.

Desde entonces los Iquito son seres marginados. Son invisibles. Nadie les reconoce ni se acuerda de ellos. En cada aniversario nadie se refiere a ellos. Es como si no existieran. Cada 5 de enero se recuerda a los marinos con sus barcos y con sus diferentes aportes. Nadie puede estar en contra de esas herencias. Pero ocurre que ello no es lo único. En el horizonte de la isla estaban los Iquito como los primeros moradores. Y es un error haber olvidado a esos seres que a lo largo de la historia han sufrido una serie de vejaciones. Pero han logrado sobrevivir hasta ahora.

En el calendario cada  5 de enero de todos los años entonces es una celebración incompleta, una fiesta frustrada, pues no se incluye a los nativos que la habitaron primero. Ellos y ellas ni siquiera son mencionados en los discursos, en las declaraciones, en las ponencias sobre la fundación de la urbe. Es absurdo que siempre se repita ese manual sin que nadie tome la decisión de rendir un homenaje cívico y viviente a los descendientes actuales de esos primeros moradores de la isla. En los tiempos de la inclusión es un pecado seguir marginando a esos oriundos. Porque esos oriundos están vivos.

El 9 de mayo de 1994, luego de una larga lucha, recibieron recién el documento de propiedad de las tierras que han habitado desde tiempos inmemoriales. En junio de 1998 el autor de esta crónica fue encontrado por el señor Gabriel Paima Peña, líder de los Iquito de ese tiempo,  en momentos en que realizaba  gestiones para preparar y editar un diccionario con la lengua de los Iquito. En ese entonces, San Antonio de Pintuaycu tenía 250 habitantes y en el ambiente de la aldea había un aire de exterminio. Por esos esos moradores decidieron salvarse, apelando al libro.

Y se han salvado de la amenaza de la extinción. En el presente, la población ha aumentado, pero todavía son invisibles para aquellos que cada 5 de enero celebran la fecha de fundación oficial de Iquitos como si se tratara de una fiesta exclusiva y  única. Es posible cambiar esa perniciosa tendencia e incorporar a esa fecha a los que descienden de esos primeros moradores de Iquitos.

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