Periodismo, política y espectáculo

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El ejercicio profesional del periodismo es controversial. Si a ello añadimos una dosis de mediocridad y desapego a la vocación el resultado es, a veces imperceptible, pero dantesco para quienes lo consumen y para quienes la abrazan. Pero esos son los riesgos, más aún en campañas electorales tan cortas como disputadas. Siempre vamos a estar en la ola de la tormenta. Pero, por estos días que estuve en Iquitos, me ha sorprendido –aunque con cierto rigor podría decir que me ha confirmado- que algunos políticos crean que están en campaña permanente. Y si antes usaban los recursos que les suministraban los empresarios que luego agilizarían el cobro de sus facturas en la ventanilla del ente regional hoy esos mismos personajes –ya convertidos en autoridad- usan los recursos para mantener a aquellos que se han convertido en bustoparlantes de quienes detentan el poder efímero. Eso no es ninguna novedad pero demuestra que no hemos avanzado nada en ejercicio de la profesión. Y me temo que hasta hayamos retrocedido. Claro, dirán los alpinchistas de siempre, pero ya hace cuarenta años el escritor Mario Vargas Llosa inspiró su personaje “El sinchi” en un locutor de carne y hueso que monopolizaba la sintonía en la capital loretana. Así que para no deprimirse con tanto zooperiodismo he releído hasta el cansancio lo que el Premio Nobel escribió en su columna quincenal.

MVLl dice que “El periodismo, por desgracia, es también una de las víctimas de la civilización del espectáculo de nuestros días, donde aparecer es ser y la política, la vida misma, se ha vuelto mera representación. Utilizar esta profesión para promoverse y difundir ideas frívolas, banalidades ridículas y mentiras políticas flagrantes es también una manera de agraviar un oficio y a unos profesionales que hacen verdaderos milagros para cumplir con su función de informar la verdad por salarios generalmente modestos y corriendo grandes peligros. Gentes como Sean Penn, Oliver Stone  y congéneres ni siquiera advierten que su actitud revela un desdeñoso prejuicio hacia Venezuela, Cuba, México y, en general, el tercer mundo, con esa duplicidad de que hacen gala cuando elogian y promueven para esos países sistemas y dictadores que no tolerarían jamás en su propio país, muy parecidos en eso a un Gunter Grass, que, en los años ochenta, pedía que los latinoamericanos siguiéramos el “ejemplo de Cuba”, en tanto que, en Alemania, él defendía la social democracia y combatía el modelo comunista”.

Así que no hay de qué sorprenderse porque la caja boba se ha embobado más de la cuenta en la floresta. Sean Penn no es periodista –ni pretende serlo talvez- y ha hecho noticia por entrevistar complacientemente a uno de los narcotraficantes más temido y despiadado de las últimas décadas. Acá en Iquitos hay muchos Sean Penn que, con espacios contratados por el Gorelor y la UCP se dedican a pisotear los postulados de la profesión que, como recordó Oraldo Reéategui en la televisión iquiteña hace algunos días, cometen faltas éticas que, el colmo, creen que están por el camino correcto. Si MVLl volvería a Iquitos de hecho que escribiría una nueva versión de “La voz del Sinchi”. Corregida y aumentada, por supuesto.

LLAMADA Acá en Iquitos hay muchos Sean Penn que, con espacios contratados por el Gorelor y la UCP se dedican a pisotear los postulados de la profesión que, como recordó Oraldo Reéategui en la televisión iquiteña hace algunos días, cometen faltas éticas que, el colmo, creen que están por el camino correcto.

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