Maestros “afuerinos”

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Maestros “afuerinos” de los últimos años

¿Han contribuido a la educación loretana?

El autor de la nota con alumnos de aula del Colegio Rosa Agustina

Un breve repaso y algunos ejemplos para saber si ha existido o no un aporte de miles de maestros que ilusionados pero temerosos viajaron a la selva buscando su destino.

Por Héctor Tintaya Fería

Una tarde de diciembre del 1999, cerca de las 5 de la tarde abordé el avión de Aerocontinente hacia Iquitos sólo con mi corto legajo de vida y mucha incertidumbre. Jamás había ido a la selva y menos solo. Días antes, al ver la publicación de las ciudades donde había plazas para maestros, por esas cosas que el destino sólo explica, elegí la capital de Loreto. Claro que años antes mi profesora Isabel Chalco de Marroquín en sus clases de geografía abundaba en explicaciones de la gran despensa verde peruana y que además era unos de los emblemas del desaparecido presidente Fernando Belaunde Terry. Ella era de izquierda y le encantaba las ideas de la colonización para el desarrollo y las nuevas oportunidades y Belaunde, con mucho pragmatismo, había avizorado lo que ahora recién se empieza a masificar en el discurso ambiental, forestal, mineral y hasta gastronómico: la oportunidad de la Amazonía.

Esas ideas y el espíritu liberador del seno familiar retumbaban en mi cabeza cuando, sin que nadie se entere, subí a ese avión cuyo propietario años después fue acusado de lavar dinero proveniente, precisamente del narcotráfico de la selva peruana. No me asustaba la idea de ir a trabajar a un alejado caserío de ese 33% de territorio nacional que constituye Loreto. De hecho, más como estudiante anticipado que aplicado, elaboré todo un sistema de información y diapositivas que hablaban de la historia y la geografía de la selva. Pensaba que antes del nombramiento en educación, mínimo, tendría que corresponder con cierto conocimiento del lugar donde tendría que vivir.

Mi primera sorpresa y que se fue repitiendo a lo largo de mis años en la selva, se dio al sentarme junto a Daniel Portilla, un esforzado profesor de Matemática que había dejado su natal Curahuasi en el Cuzco para enseñar, Dios sabe dónde. Meses después, cuando ya trabajaba en el caserío Progreso a orillas del Amazonas, Daniel me sorprendió un día contándome lo surrealista que había sido preparar y tomar la fariña recogiendo agua del río Amazonas que pasaba, literalmente, por debajo de las carpetas de las aulas de su colegio. Se casó con Teresa, una profesora del colegio con quien tiene un pequeño, estudió y culminó Administración en la Unap y ahora viaja capacitando a maestros de la zona del Putumayo, Yavarí y demás comunidades. ¿Ha contribuido al desarrollo de la educación en la región? Qué duda cabe.

Con Daniel quedamos para alojarnos juntos esa primera noche y esperar las novedades que pudiera traernos una tierra desconocida. Días después se nos unió Martin Dipas, que desde la Tinguiña, en su natal Ica, había llegado a Iquitos para enseñar también ciencias. Esa noche mientras nos apuntábamos para ser nombrados luego de participar en el último examen nacional organizado por el gobierno de Fujimori, cientos de maestros de todo el Perú hacían lo mismo convirtiendo en un verdadero mercado magisterial el malecón Tarapacá donde queda la Dirección Regional de Educación en la zona más antigua de Iquitos, que continúa  mirando a la profundidad de la selva como si tuviera una tarea pendiente con ella.

En ese grupo llegamos cerca de 700 maestros, dos años antes, un fenómeno de migración docente similar ya se había iniciado en toda la selva peruana y continuó en Iquitos hasta el 2006, cuando una ordenanza regional del frustrado estudiante en Educación y presidente regional Robinson Rivadeneyra, la detuvo en abierto enfrentamiento a las disposiciones nacionales que ordenaban este emplazamiento de maestros a zonas donde, o no se alcanzaba los puntajes correspondientes para su aprobación, o simplemente faltaba docentes por la escases de instituciones que los formen.

Aún no tenía claro cuál iba ser mi destino, pero cuando observé a dos maestras piuranas que por su puntaje bajo, pero aprobatorio, escogían plazas en comunicación y lenguaje en el caserío Angamos en la frontera con Brasil, confirmé mi decisión de quedarme en esta zona. Elegían apuntando a un mapa de cartulina de Loreto que habían colocado los funcionarios para intentar buscar la zona que ellos mismos no conocían. Años después, una de ellas se reasignó a Iquitos y empezó una maestría y la otra se casó con un extractor de madera de la zona y emprendió el negocio forestal. ¿Han hecho deméritos estas maestras yendo a zonas que los mismos profesores de la selva no aceptaban? Claro que no.

Yo me quedé en la ciudad, en un colegio hermoso donde el mamey abunda pero que actualmente se cae a pedazos. Meses después, cuando ya ejercía mi otra pasión, como es el periodismo, para la que también me había formado, fui un curioso buscador de las repercusiones que generaban estos cerca de 4,000 maestros peruanos que se dispersaron por toda la región. Desde emprendimientos fabulosos y extraños como esto de crear ONGs en zonas fronterizas y vender pollos a intermediarios de las Farc en la frontera con Colombia, hasta la rápida incursión en diferentes organismos estatales para involucrarse en la vida política de sus jurisdicciones.

Esto podría ser la consecuencia natural del desarrollo profesional de un docente, pero en lugares hostiles donde han sido apuntados permanentemente por sus autoridades de ignorantes de la realidad amazónica, y haber luchado con las repentinas y nuevas condiciones ambientales para luego adecuarlas, entenderlas y promoverlas es un doble mérito. Martin Dipas, por ejemplo, el docente con el que compartimos la vivienda por más de un año, se casó con la guapa Lita, una belenina a la que rescató de su extracto precario, tuvo dos pequeños, se compró una casa, se reasignó a Ica pensando que debiera regresar a sus raíces, pero pudo más su amor por la Amazonía y la costumbre de toda su familia que requería el clima tropical que volvió a reasignarse y ahora trabaja diariamente en Padre         Cocha, mirando al río Nanay, con la única honesta consigna de sacar adelante a su familia “charapa”. ¿Este se puede considerar un aporte a la educación? Por supuesto que sí, sino pregúntenle a sus vecinos de la Calvo de Araujo cómo esta familia ejemplar es modelo en ese barrio de desorden habitual.

Menciono estos casos porque se ha acusado permanentemente por parte de la dirigencia sindical de los maestros loretanos de conseguir un trabajo por parte de los “afuerinos” para volver sus lugares de origen, incluso en el colmo del desconocimiento, precisan “llevándose” la plaza” cuando esto es un imposible administrativo. Es cierto que hubo muchos de estos casos, sobre todo profesoras que interpretando ese espíritu muy nuclear en las familias andinas, han hecho todo lo posible por abandonar la selva incluso con enfermedades como dengue y malaria que son muy normales en el trópico. Pero estos casos son los menos, los más se han insertado de manera extraordinaria en el círculo magisterial.

Maestros

¿Se puede medir el impacto que ha tenido la vinculación de estos maestros en la educación loretana? Sin duda alguna. Ahora que ya han transcurrido toda una generación estudiantil desde la primera migración masiva de estos educadores, es pertinente y hasta obligatorio evaluar de manera objetiva su aporte, no sólo desde el ángulo académico sino, y sobre todo, desde la contribución formativa. Para nadie es un secreto que la disgregación familiar en la selva ocupa un mayor porcentaje en el promedio nacional. Fruto del desorden nómade que atraviesa la conducta del machismo en esta zona, y producto también, de una ausencia de privilegiar mediante un modelo generalizado social la importancia de la unidad en la familia para el desarrollo de una sociedad.

Es en este punto que la contribución del maestros “afuerino” es más significativa, en lo académico el impacto ha sido, más que lograr resultados exactos en la medición nacional en matemática o letras, en una aceptación de la competencia como un proceso natural de la carrera profesional en la selva. Esa incapacidad de no reconocer este valor que pareciera subjetivo, se plasma en la descalificación por el sólo hecho del “afuerino” y su presunto desconocimiento de costumbres amazónicas o incluso llegan al ridículo descrédito por sus facciones o su forma de hablar del maestro que llega desde afuera.

Pero esta competencia, que de por sí resulta un aliciente para elevar la calidad educativa, ha sido torpemente frustrada con artificios legales que atribuyen extraños puntajes ventajosos a los maestros de la zona por el sólo hecho de haber nacido en Loreto. Como si su sola condición natural implica un mayor rendimiento en las aulas. En realidad esto ha sido producto de este manejo político chauvinista que mantienen dirigentes y autoridades educativas en la región. Pero no sólo es Loreto, lo mismo se ha hecho en Pucallpa.

Se trata de una política educativa deliberada que ha originado la migración masiva en los últimos años de miles de docentes a la selva o sólo es fruto de la excesiva oferta de profesionales de la educación fruto de la formación de cientos de pedagógicos y  facultades de educación que empujaron a través de la demanda en plazas que ofrecía la selva. He creído siempre que sólo ha sido la búsqueda de oportunidades para la cual el docente peruano le ha sacado el jugo. En los caseríos y pueblos pequeños no hay profesor que no ha emprendido el negocio de una bodega, de comerciante o de transportista a través de su peque-peque, motocarro o station wagon que ha adquirido con préstamos, juntas o ahorros mancomunados.

Maestros llamados “afuerinos” que motivan este artículo

Esto los ha hipotecado a bancos u otros organismos, pero esa hipoteca es lo de menos, porque hay un valor superior que prolongará por el resto de su vida y de sus generaciones de quedarse en esta zona. Esto es el de integrarse a la sociedad amazónica, sin tapujos ni prejuicios e inclusive con cierto liderazgo. Esa hipoteca de vida es sustancial para comprender su aporte, por eso, los que hemos dejado la selva por diversas circunstancias de alguna manera extrañamos y valoramos doblemente este esfuerzo. Además, hay una variable que tal vez no se pueda medir exactamente y es esta especie de “aguita de Sachachorro” que ni bien llegamos nos hacen probar en la selva. Esta leyenda, que en realidad es aplicable en varios sentidos, dice que, aunque nos alejamos en verdad nunca la abandonamos. Es un brebaje a la sangre, una morfina del recuerdo, un veneno sin remedio para querer y extrañar mi selva.

www.federicoabril.blogspot.com

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4 Comentarios

  1. Quiero refutar las frases vertidas por los que agraden el intelecto Loretano o selvático. Yo soy Loretano y me forme en la Universidad Nacional de la Amazonia Peruana en la facultad de agronomía, viaje y trabaje por varios ríos y lugares de la Amazonia Peruana, fui profesor en Lima por tres años consecutivos y como buen loretano, puedo decirle a estos que comentan que los afuerinos son mejores, más educados que los selváticos y que hasta conocen más que los propios Loretanos, que están fuera de todo contexto.
    Yo le preguntaría a un afuerino COMO SE HACE UNA CANOA, DE QUE MADERA ES MEJOR, CUAL DURA MAS, FLOTA MAS, ETC, ETC…??? Para eso hay que conocer la selva y nadie mejor que un selvático la conoce porque es donde el nació, se crio, vive y sigue viviendo. No está de paso, para que después se baya a ser periodista porque encontró una mejor oferta de trabajo.
    Aquí por lo menos los alumnos del colegio se levantan para darle el asiento a una persona mayor en el colectivo, se levantan en el salón de clases cuando entra una persona mayor, los vecinos se saludan, comparten cosas y los adultos por lo menos intentar resolver sus problemas dentro del marco legal que nos rige. Pero al contrario en Lima, a un alumno no le puedes decir nada porque te amenaza y dice que te agarrara con su mancha cuando salgas. Los cobradores de combis te dicen pasa.. pasa.. pasa.. cuando quieren llenar su bolsillo y no les importa si la persona es mayor de edad. Un alumno en el ómnibus mira un anciano o embarazada y se da la vuelta o se ríe con su compañero del desgraciado y tu vecino si puede te pasa empujando.
    Y los adultos saben cómo resuelven sus problemas, no lo saben los afuerino??? Pues aquí un LORETANO les enseña un poco de historia!!!!… se acuerdan cómo quemaban a supuestos ladrones y violadores en la sierra o en Lima cuando eran agarrados, sin saber si eran culpables o inocentes???.. se acuerdan de un alcalde en Puno que fue muerto a piedrazos y palazos por los serranos porque no estaba gobernando bien???.. que educados para resolver sus diferencias, NO??…. Y estos nos quieren llamar de mal educados??
    Así dicen llamarse mejor educados. Estos son SALVAJES!!!.. no tienen otro nombre porque solo un salvaje hace eso porque no tiene conocimiento de lo que esta haciendo.
    Otra prueba de su mala educación está en todos los afuerinos que aparecen en las noticias queriendo ser alcaldes, autoridades, asesores y lavanderos (por ejemplo: Monasi Franco, Richard Vásquez, Adela Jiménez, Edwin Ceballos, Norman Lewis, Igoraldo Paredes, Carlos Almeri, Herman Peso, Enrique Northcot alias el “Barbudo”, Quispe, Walter Gamarra Lino, etc.., etc.., etc.) y muchos otros que están como regidores y que si me doy la molestia de buscar, los encontraría muy fácil.
    Pregúntense los afuerinos, QUE BENEFICIOS O DESDICHAS NOS HAN TRAIDO O NOS QUIEREN TRAER ESTOS PERSONAJES DE EXELENTES MODALES..????????????????

    COMO LORETANO ME SIENTO ORGULLOSO DE QUE MIS PROFESORES EN EL COLEGIO HAYAN SIDO LORETANOS, NO NECESITE DE AFUERINOS PARA SER EDUCADO Y PODER ESTAR HACIENDO MI DOCTORADO EN OTRO PAÍS.

    Bajarle la llanta a un colega para poder aparecer como el mejor, es propio de profesionales MEDIOCRES!!… Y ANTES DE MIRAR LA PAJA EN EL OJO AJENO VEAN LA BIGA QUE TIENEN EN EL SUYO.

    Pregunta capciosa: Si un afuerino me dice la receta de cómo se prepara el TIMBUCHE, le regalo un pasaje pero solo de ida a la laguna de PACA, para que aprenda mas sobre la selva y los dizque “salvajes selváticos” y quando sepa bien le pago el de vuelta.

  2. Bueno soy Loretano pero reconozco que los profesores llamados afuerinos son los que mas destacan en la region y tienen la cultura de superacion y enseñan en zonas inospitas y alejadas en las que un LORETANO no quiere ir y busca un sinumero de escusas para permanecer en la ciudad, el docente loretano lamentablemente es conformista.

  3. Felicito a todos aquellos profesores mal llamados “afuerinos” porque son verdaderos peruanos ya que cumplen doble función: hacer patria y educar.
    Yo estudié y soy de Iquitos y estoy conciente de que el nivel de la educación en la selva es muy bajo por diversos motivos; entre ellos por la baja calidad de los profesores y el poco amor por su profesión, lo que conlleva a que casi nunca cumplan su plan de estudio.
    Son contados los profesores loretanos por los cuales uno se ha quitado el sombrero y puede decir que sus enseñanzas han quedado selladas en el cerebro.
    Si existen pedagógos dispuestos a venir de otros lugares del país y que no empiencen sus clases en Junio y terminen en Octubre entonces puedo decir en nombre de todos los loretanos concientes de querer mejor educación: BIENVENIDOS.
    De esa manera, profesores locales y foráneos, se esforzaran en busca de mejor calidad y competitividad en la educación loretana.

  4. Los “afuerinos” conocen más que los propios loretanos la Región Loreto. En educación no lo dudo, destacan. Manejan un mejor repertorio de cosas que necesita un maestro, esto debido a la educación que reciben en casa. En otras palabras son más y mejor educados que los maestros selváticos. Esa es la diferencia. Porque sólo educa el educado.
    Soy “afuerino” y conozco muy bien Loreto. He trabajado en diferentes instancias educativas. Se porque lo digo. Coincido con la nota.

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