La diarrea

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Revisando varios artículos de internet, les presento un tema que se presenta a diario.

La diarrea es una alteración de las heces caracterizada por un aumento del volumen, la fluidez y la frecuencia de ellas, en comparación con las condiciones fisiológicas normales, lo que conlleva una baja absorción de líquidos y nutrientes, y puede estar acompañada de dolor abdominal, fiebre, náuseas, vómito, debilidad o pérdida del apetito. Además de la gran pérdida de agua los pacientes pierden cantidades importantes de sales, electrolitos y otros nutrientes. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la diarrea es una de las principales causas de muerte en los países en vías de desarrollo, íntimamente asociada a la deshidratación.

La definición médica de la diarrea implica más de tres deposiciones al día con las características ya descritas. El paciente lo percibe como una disminución en la consistencia de las heces que causa urgencia y/o molestia abdominal. Este deseo de evacuar, a menudo incontrolable, suele ser el único o principal problema, acompañado con mucha frecuencia de cólicos y, dependiendo de la etiología, de moco, pus o sangre en las heces. Se considera diarrea aguda si la duración es menor a 2-4 semanas y diarrea crónica cuando el cuadro se extiende más de cuatro semanas, que es  rara vez infecciosa.

La diarrea puede ser un síntoma de una lesión, una enfermedad, una alergia,  intolerancia a ciertos alimentos (fructosa, lactosa), enfermedades producidas por los alimentos o exceso de vitamina C. También ocurre cuando el colon no absorbe suficiente fluido. Como parte del proceso de la digestión, los diversos órganos excretan grandes cantidades de agua (entre 8 y 10 litros, en un adulto de 80 kg), que se mezcla con el alimento y los líquidos ingeridos. Así, el alimento digerido es esencialmente líquido antes de alcanzar el colon. El colon absorbe el agua, dejando el material restante como una hez semisólida. Sin embargo, si se daña el colon o se inflama, se inhibe la absorción del agua, resultando en heces acuosas.

La diarrea es comúnmente causada por infecciones virales pero también es el resultado de toxinas bacterianas. En condiciones sanitarias, con alimentos en buen estado y agua potable, los pacientes se recuperan de esas infecciones virales pocos días. Sin embargo, a individuos mal alimentados o que viven en condiciones de poca higiene la diarrea puede conducirlos a una deshidratación grave y puede llegar a ser peligrosa para la vida si no se trata a tiempo.

El tratamiento de las diarreas se basa en lo siguiente:

  • Corrección de los déficits de agua, electrolitos y equilibrio ácido-base. En formas leves o moderadas, debe hacerse siempre por vía oral: la eficacia de la rehidratación oral es superior frente a la hidratación intravenosa.
  • Nutrición adecuada. En contra de algunas creencias establecidas, en la mayoría de los casos de diarrea no es necesario establecer un reposo estricto del intestino; la supresión de la alimentación en los niños puede conducir a una pérdida diaria del 1-2 % del peso corporal (sin contar las pérdidas fecales) que puede poner su vida en peligro. Aunque la absorción intestinal está reducida en la diarrea, no está totalmente abolida, y se absorbe una proporción no despreciable de alimentos. La evolución de los pacientes nutridos es mejor que en los que ayunan (menores pérdidas fecales y menor duración temporal).
  • Tratamiento sintomático de la diarrea y los síntomas acompañantes. Hay algunos medicamentos con actividad antidiarreica, que pueden ser beneficiosos, pero pueden estar contraindicados en algunos casos.
  • Tratamiento específico del agente o factor responsable de la diarrea. En caso de infecciones bacterianas puede ser útil el uso de antibióticos.
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