Editorial – Febrero 2

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Encuentro en Iquitos

En los vericuetos de esta ciudad de farra aparente no todo es carnavalesco, por supuesto. No siempre se quiere gastar una fortuna en frivolidades. Hay cosas que valen la pena, que estimulan. El importante evento que se viene, por ejemplo. Nos referimos al XIII Congreso Nacional de Filosofía, organizado por la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana. En octubre se realizará dicho evento y por unos días la ciudad dejará de ser la de siempre, la urbe iletrada donde es más importante una sonora  parranda, una timba a la intemperie o una telenovela entre mocos y lágrimas. En los días del evento el público podrá asistir a exposiciones, conferencias, discusiones sobre los avances de una de las disciplinas más fundamentales para el verdadero progreso de cualquier civilización.

En un medio como este, por otra parte, donde se suele vivir de prisa en busca de monedas, de bienes materiales, de cosas que impresionen, donde el comerciante parece ser un prócer, es importante un evento de esa naturaleza. No todo puede ser pasajero, inmediatista, groseramente material, desvergonzadamente utilitario. Tiene que haber un espacio sólido y establecido para la capacidad de pensar, para el uso de la inteligencia, como medios para entendernos mejor a nosotros mismos. La filosofía, como oficio y como destino, tiene mucho que dar en estos predios  boscosos.  En nuestra historia, en el presente, hay hechos cruciales que merecen la reflexión basadas en las categorías filosóficas.

La falta de eventos de esa naturaleza superior, de encuentros mayores, hace que se siga en lo mismo, en esa vieja pasión por lo mediocre y lo subalterno.  Tenemos derecho a soñar,  e imaginamos un futuro,  que está en alguna parte,  donde serán más las citas importantes que los eventos carnavalescos.

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