Editorial – Enero 28

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La ruta del Amazonas

En buen romance, nunca se sabrá con certeza quien descubrió el vasto Amazonas. Es decir, que navegante antiguo lo recorrió por primera vez. O  que linaje del pasado, en una de sus tantas migraciones, le navegó de punta a cabo. Occidente supo que existía un anchuroso y portentoso río gracias al informe de Vicente Yáñez Pinzón. Era 1500 de nuestra era. Los reinos de entonces buscaron apoderarse de ese caudal de aguas. Portugal ganó la iniciativa y envió al capitán Díaz  Ordaz en planes de conquista de esa arteria sin término. El naufragio acabó con las pretensiones lusitanas. El trujillano Francisco de Orellana navegó luego por un rio ya conocido, ya codiciado, y se le atribuye su descubrimiento. Desde el punto de vista español, desde luego.

La historia del Amazonas es vasta, impresionante. Río  de conflictos permanentes, nunca dejo de preocupar al capitán Pedro de Texeira quien se atribuía su descubrimiento, lo cual le otorgaba la capacidad de mover la línea de frontera con el reino del Perú. Holanda, Francia, Suecia, Estados Unidos y otras naciones modernas pretendieron apoderarse de cualquiera de sus atributos. En el presente, este río contundente  adquiere mayor importancia debido a la crisis universal del agua. La ruta del Amazonas de hoy no es ya la ruta antigua. Su riqueza es mayor, en la medida en que aporta la mayor cantidad de agua dulce del planeta.

Todo lo anterior para relievar la visita que harán estudiantes de una universidad local al pueblo de Orellana como una manera de graficar la grandeza de ese Padre de las Aguas.  En la prisa de los días que corren,  en el infierno de las ocupaciones para apenas sobrevivir,  en la ganancia de lo vano, en la pasión por lo mediocre, nos olvidamos que tenemos tesoros que el desconcertado mundo de hoy debe conocer.

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