Editorial – Agosto 11

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La explotación laboral

El arte gastronómico, la ocupación de cocinero, no sólo es uno de los oficios del momento en el Perú. Es también sector de riesgo, lugar de peligro, centro de poco y mal pago. Y de accidentes lamentables, como le acaba de ocurrir al cocinero Gilber Murayari Tuanama, quien a sus 23 años ha sufrido graves quemaduras en el rostro y en el cuerpo debido a una fuga de gas. Quemaduras de primer grado. El citado labora en el chifa Xing Lon, ubicado en Túpac Amaru y el accidente, como tantos otros, se pudo evitar.

No estamos ante un caso de informalidad laboral. Estamos ante un descuido criminal de parte del propietario que no tomó las medidas necesarias para evitar ese accidente, pues conocía de las malas condiciones en que trabaja la cocina de dicho establecimiento. El hecho doloroso nos muestra, también, la explotación laboral. La víctima de la fuga del gas trabajaba más de 8 horas diarias, percibía la suma de 85 nuevos soles semanales, no contaba con seguro ni cosa parecida, carecía de cualquier posibilidad de mejorar las condiciones de su sueldo o salario. Estaba condenado a vivir en esas condiciones de desventaja.

Es decir, era una de esas víctimas de la explotación laboral. Esa barbarie, donde la vida y el esfuerzo ajeno no valen nada y son rebajados sin piedad, se ha agudizado en estos tiempos. Mientras el Perú supuestamente avanza, mientras ciertos discursos oficiales muestran increíbles cifras de bonanza y de progreso, no dejan de aparecer casos donde, pese a los dispositivos laborales vigentes, hombres y mujeres padecen del abuso, de los bajos salarios. ¿Puede un país avanzar en esas condiciones de explotación a sus trabajadores? ¿O más bien el Perú retrocede con sus trabajadores mal pagados, peor tratados y hasta accidentados?

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