Las encuestas auguraban un resultado y las urnas han dicho otra cosa en este país normal como es España. Aquí cualquier cartesiano puede volverse loco o delirar. Han sido unas elecciones perfectas para el partido que está en el gobierno y en funciones. Casi preparado por un chef. Todos creían que iba a bajar en porcentajes por los casos de corrupción y han subido (todavía tengo en la retina a una joven líder conservadora bailando desatada en el escenario, presumo de contenta mientras su partido se pudre por dentro). En los lugares donde la corrupción se ha erigido como emblema de las Comunidad Autonómica como es Valencia ha sido el partido conservador el más votado -¿eso dice muchos de sus votantes? No lo sabemos. En cuanto a los resultados finales son muy raros para ser perfectos, pareciera que está hecha a la medida de quien lo pidió. El PSOE que era un partido hegemónico en Andalucía ha dado un retroceso muy serio en esa Comunidad y gana el partido conservador. En Cataluña, el mismo partido conservador también ha subido y ha rasguñado escaños a sus oponentes. En lugar de bajar en porcentaje en el ámbito nacional, como la lógica del sentido común diría, sucedió lo contrario, están al alza. Se ha pintado el escenario siguiente: el partido conservador conserva su liderazgo endeble pero lo conserva. El PSOE mantiene su segundo lugar pero muy tocado. Tercero, quedó Unidos Podemos que ni sube ni baja de cara al PSOE. Y en cuarto lugar, un partido de derechas como es Ciudadanos que  baja notablemente. Ellos decían que serían y se autoproclamaban el partido bisagra, pero con esos resultados parecen goznes muy oxidados. Sigo pensando que es un resultado demasiado perfecto, casi a la carta, que inclina la rodilla a la razón.

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