Un letraherido o letraherida de acuerdo con el significado proporcionado por la RAE es aquella persona que tiene pasión extremada por la literatura. Es un curioso que la RAE defina a esta persona a aquella que está inflamada de un sentimiento: la pasión. Es decir, es aquella persona que no obedece a razones. Es puro sentimiento (¿y razones también?) hacia la literatura ¿podríamos deducir que significa amor por los libros?, ¿por toda expresión literaria?, ¿de una materia determinada? Desgraciadamente, la definición dada por la RAE en lugar de aclararnos nos sumerge en la confusión. Muchas veces las definiciones nos acercan al concepto pero no aportan la claridad necesaria. En un momento pensé que era una deformación profesional de mi parte, pero me di cuenta que eso es parte del arte de las definiciones y significados. Nos acercan pero no el todo. Partiendo de esa poca claridad entendemos, para efectos de este fragmento, que un letraherido es una persona apasionada por la literatura. Un caso típico (y de libro) es el de Alonso Quijano, el Quijote de la Mancha que bebía y vivía entre libros, en especial leía con devoción los libros de caballería. Aquel esmirriado caballero en la que sus ensoñaciones librescas le hizo dar el paso con la realidad llegándose a topar con personas, doncellas, escuderos, islas y molinos de viento. La imagen de ese personaje metido en libros siempre me ha perseguido a lo largo de este tiempo. En la floresta he tratado de encontrar a un letraherido escarbando libros y bibliotecas siendo esta una especie rara en peligro de extinción. Recordemos que en el condado literario de Isla Grande hay una gran alergia por los libros que por estos tiempos la alergia ha pasado a ser pandemia por muchas razones- propias y ajenas. Quien más se parece a este letraherido es quizás el poeta Percy Vílchez. Es quien vive con pasión ese amor extremado a la literatura por más que reciba incomprensiones, palos y maltratos como el manchego Alonso Quijano.

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