Sueño de verano

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Hay veces que se te aparece una imagen en tu cabeza y esta no se va por más que uno quiera deshacerse de ella. Te da guerra y cuando uno menos piensa esta aparece, casi sin preguntar, en diferentes momentos. Se mete de tapadillo en tus ideas y quehaceres. La mente humana es muy compleja e impredecible. Desde que apareció esa imagen se lo comentaba a S, ella sonreía, sabe que procrastino y conoce la seria distorsión ocular que padezco. La imagen era que todos los seres humanos que me rodeaban para mis ojos eran unos filetes o  pedazos de carne sanguinolenta adobada con emociones y razones. No sabía de dónde me venía esa idea e imagen ¿será la venida del estío? Me quedaba en una esquina mirando a la gente pasar e inmediatamente se traducía en mi cabeza que eran pedazos de carne con patas que caminaban raudamente. Eran figuras distorsionadas delante de mí. El otro día en mis paseos vespertinos, en este estío endemoniado, por la Plaza Mayor, en una de las vidrieras de un restaurante observe que se mostraban unos enormes trozos de carne – para una animalista esto sería un cuadro dantesco, horroroso, que no demuestra la piedad. Somos animales que se comen a animales y no demostramos compasión mostrando esas piezas de carne sin ningún pudor. Y de repente se me vino un aluvión de datos mezclados con imágenes, que no podía pararlo. Los trozos de carne que veía, obsesivamente, desde hace unas semanas, era de una exposición del pintor británico Francis Bacon (¿era de la exposición del Museo del Prado?, ¿en los camales o mataderos cuando era niño? No lo sé) y en uno de esos cuadros se retrataba pedazos de carne de vacuno (lo relacionaban ese mismo cuadro a los pintados con anterioridad por Goya y Picasso). La mente da puntadas por donde unos menos espera.

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