¿Se vive para contar?

¿Se vive para contar?

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Por Miguel Donayre Pinedo

https://notasdenavegacion.wordpress.com/

Por lo general la idea predominante es imaginar a un escritor o escritora frente a la página en blanco, está solo luchando contra sus fantasmas. Como apartado del mundanal ruido y de las necesidades más básicas, como un anacoreta. Pero ¿es cierta esta imagen? En la floresta y otros rincones quienes se dedican a este oficio no son ostensibles por la sociedad donde conviven. Se piensa que la inspiración, que es quien provoca las obras, tendría coste cero. Esta misma percepción la tienen quienes editan libros en la floresta, pues minusvaloran el esfuerzo desplegado por la escritura y por ello, muchas veces, publican obras sin recompensar económicamente a quien escribe.  Hasta se busca que los autores se paguen la propia edición. Hemos querido preguntar, por ello, a diferentes autores y autoras del palustre dos cuestiones, que encontré por azar en “Los diarios de Emilio Renzi” de Roberto Piglia, y que me han servido como base para esta reflexión:

  • ¿Cuánto cuesta la hora de trabajo de un escritor o escritora?

  • ¿Cuánto gasta él o ella en sus horas de trabajo?

Los escritores y escritoras participantes han sido Jorge Nájar, Ana Varela, Oscar Barreto Linares, Miuler Vásquez González y John Ancka. Las preguntas se enviaron también a otros escritores pero no las respondieron.

La relación entre el autor o autora, el libro, la comunidad lectora y la floresta está llena de cortapisas. No es fluida por varias razones: no hay un mercado editorial – compréndase mercado en su acepción más básica, lugar de concurrencia de la oferta y la demanda. Tampoco creo que lo haya en el más corto plazo. Tengamos en cuenta que en Perú existe un magro mercado de los libros. Y el que existe es muy elemental, casi tan solo para Lima y ciertos lugares de la periferia. Estas causalidades de yerros y voluntarismo hacen que tengamos en la floresta, desgraciadamente, uno de los índices lectores más bajo a nivel nacional. Todas estas debilidades nos están revelando que no hay una política pública en torno al libro. Un indicador de este desinterés son las escasas bibliotecas que existen y las pocas que hay están pésimamente implementadas. Son precarias y respiran a orfandad. Nos cabe la pregunta ¿son los costes que hemos de sufrir por vivir en la periferia? Aquí algunas cifras:

Países lectores (horas a la semana empleadas para leer)

     India                                                 10.7

     Thailand                                           9.4

     China                                                8.0

     Philippines                                      7.6

     Egypt                                                7.5

     Czech Republic                              7.4

     Russia                                               7.1

     Sweden                                           6.9

     France                                                             6.9

     Hungary                                           6.8

     Saudi Arabia                                   6.8

     Hong Kong                                      6.7

     Poland                                             6.5*

     GLOBAL                                           6.5

Fuentes: https://lecturaagil.com/paises-mas-lectores/

 https://www.prnewswire.com/news-releases/nop-world-culture-scoretm-index-examines-global-media-habits-uncovers-whos-tuning-in-logging-on-and-hitting-the-books-54693752.html

En esta situación de desamparo llama la atención que, a pesar de la precariedad institucional, existan iniciativas impulsadas, muchas veces por el voluntarismo de los mismos escritores y escritoras, para la publicación de sus textos. O editores de buena fe. Pero son acciones individuales que no obedecen a una política pública y, aún así, ni siquiera estas iniciativas son acogidas por el Estado que las desdeña. Todo hace pensar que hay una dejación del Estado en esta parte de la formación ciudadana – podría tener una actitud más proactiva como el de implementar bibliotecas, centros culturales o redes alrededor de los libros, entre otras iniciativas. Tengo la impresión de que la precariedad impulsada desde el Estado y el incipiente mercado editorial son unas de las maneras de domeñar a quienes se dediquen a la escritura, la idea de esta precariedad y sumisión es desarrollada por Remedios Zafra.

Remedios Zafra: “La precariedad en los trabajos creativos funciona como forma de domesticación”

“La precariedad en los trabajos creativos funciona como forma de domesticación, porque es engañosa y tiende a hacer pensar que es temporal o que es necesaria como fase para trabajos mejores, más estables”.

“La vulnerabilidad del entusiasmo radica en convertir a los entusiastas –subordinados– en agentes partícipes de su propia subordinación. Trabajar gratis y dar las gracias es algo que podemos encontrar en quienes tienen miedo o viven situaciones de desigualdad”.

“Advierto que los pobres que trabajaban no tenían tiempo para escribir sobre cómo trabajaban. Hoy las personas pobres y precarias también crean y, a poco que tengan conciencia política, hablar sobre sus condiciones de trabajo es algo que fluye”.

 

Fuente: Remedios Zafra https://www.elsaltodiario.com/laboral/entrevista-remedios-zafra-libro-entusiasmo-precariedad-cultura-digital

 

En este estado de precariedad y sometimiento hacia los artistas que viven en el palustre, llama mucho la atención que se erijan, por casualidad o no, ferias de libros. Muchas de esas ferias son encargadas a personas de buena voluntad pero con poco criterio para enlazar con la situación local o que parten de un mal diagnóstico. Por la experiencia de estas ferias, bruñidas de vacuas solemnidades, se observa que no están para fortalecer las capacidades locales y más bien, por el contrario, se fortifica lo que se hace fuera de la floresta. Se invitan a escritores o escritoras de Lima o a grandes editoriales en desmedro de las editoriales locales. Las andaduras de estas ferias se han convertido en un dígito más en el saco de los desaciertos. Bajo un marco que, debemos tener presente, no obedece a un plan o política desde el Estado.

La lectura en cifras

 

Los resultados de la encuesta nos indican que la lectura de libros es un hábito cotidiano tan sólo para un 15.5% de los peruanos, porcentaje que tiende a incrementarse en función del nivel socioeconómico de las familias. Resulta interesante observar que el porcentaje de no lectores es mucho mayor entre las personas de 45 años o más que entre los jóvenes. Si bien el 15.6% de los jóvenes entre 18 y 29 declara que no lee libros nunca o casi nunca, entre las personas mayores de 44 años el público no lector casi duplica esa proporción, alcanzando el 31.1%.

Las bibliotecas de los peruanos son bastante modestas: 47.6% de los entrevistados no tienen más de 10 libros en sus casas. El porcentaje de personas que tienen más de 100 libros en su hogar apenas llega al 4.3% de los entrevistados, (…). En el caso peruano ni siquiera las élites sociales poseen bibliotecas importantes, el porcentaje de personas del nivel socioeconómico A/B que poseen más de 100 libros no supera el 15% de ese grupo social.

 

http://iop.pucp.edu.pe/publicacion/boletin-n-137-libros-y-habitos-de-lectura/

Con toda esta carga en la mochila, hemos querido preguntar a los actores principales de los libros: los autores y autoras. Con estas cuestiones aparentemente simples hemos buscado evidenciar que no tenemos un básico, ni tan siquiera mínimo, mercado editorial además de la escasa relación de “ese mercado” con el trabajo del escritor o escritora. Esto nos muestra un panorama de suma precariedad dado a cómo se vive esta situación en el palustre. También en este contexto pesa la imagen romántica (muchas veces patriarcal) del escritor en su torre de marfil, solo o sola ante sus demonios y ajeno a lo que sucede en su entorno.

Las preguntas planteadas y las respuestas tratan de revelarnos como es esa relación del creador con su entorno. Aquí los protagonistas:

Jorge Nájar

Foto: JE Harrigton

Jorge Nájar (Pucallpa, 1946). Ha sido ganador del Premio Copé de Oro 1984 con su libro Finibus terrae. En 2001, con Canto ciego, ganó el Premio Juan Rulfo de Poesía convocado por Radio Francia Internacional. Reside en Paris.

¿Cuánto cuesta la hora de trabajo de un escritor o escritora?

Me parece que a Blas Valera (Chahapoyas, 3 de febrero de 1545 – Cadiz, 2 de abril 1597), primer poeta amazónico, autor del Apu Inka Atawallpaman, y por lo mismo autor del primer documento de la resistencia anti-colonial, la escritura le costó la vida. Y todo, absolutamente todo lo que escribió, fue publicado siglos después, incluso con nombres ajenos. Extrapolando, Louis Ferdinand Auguste Destouches, más conocido por su seudónimo L.F. Céline (Courbevoie, 27 de mayo de 1894 – Meudon, 1 de julio de 1961), la prueba material de que escritura y fuste moral son cosas ajenas, autor de una de las más renovadoras formas narrativas del siglo XX, así como de una serie de panfletos antisemitas con los que él y sus editores amasaron una buena fortuna, cuando los Nazis se retiraron de París, él huyó a Dinamarca cargado de oro. El problema es pues no lo que cuesta la escritura sino lo que cuesta y paga la edición.

– ¿Cuánto gasta él en sus horas de trabajo?

Si nos atenemos a los mismos referentes, Blas Valera invirtió su existencia entera en dicha labor. Ídem con el otro.  Y ambos terminaron arruinados. Al margen del paradigma, el problema es otro, como ya dije. Entre tanto emergió la industria del libro. Entre tanto se democratizó la cultura. Pero en la Amazonía, por lo visto, no ha ocurrido aún ni lo uno ni lo otro. En esa carencia, los picados por la escritura recurren a la autoedición y a la autodistribución. Y con la “mercadería” en las manos, como vendedores ambulantes de juanes y patarashcas, van de un evento a otro exhibiendo su producción a la espera de algún extraviado lector.

Se puede pensar que en la carencia de lectores no hay un inversionista que se decida a crear empresa. Pero en medio de todo eso, no han faltado algunos “vivos” que se hacen pasar por editores cuando en realidad no son más ni menos que “servis”, servicios de diagramación e impresión. Y eso, claro está, no es un editor. Un editor necesita crear un mercado del libro, una red de librerías y bibliotecas. Algo imposible hasta ahora. Ningún capital privado ni el Estado quiere invertir en el fomento del libro y de la lectura.

Ana Varela Tafur

Foto: Ted Merkel

Nació en Iquitos, Perú. Con su libro Lo que no veo en visiones (Ediciones Copé, Lima 1992) obtuvo el Primer Premio de la V Bienal de Poesía Premio Copé. Publicó los libros de poesía Voces desde la orilla (Urcututu Ediciones, 2000) y Dama en el escenario (Editora Regional, 2001). Emigró a los Estados Unidos en 2002 y estudia en el programa de doctorado de Literatura Latinoamericana en la Universidad de California, Davis.

¿Cuánto cuesta la hora de trabajo de un escritor o escritora?

Esta pregunta es muy difícil de cuantificar. No es medible en términos de precio, sin embargo, es un trabajo como cualquier otro. A veces puede costar toda la vida, y eso cómo y de qué manera se paga. Es duro escribir así, porque a veces en escribir se le va a uno la vida. Diría ¿cuánto cuesta la pasión?, o ¿la búsqueda del lenguaje?, ¿cuánto cuestan los vacíos que deja la indiferencia al trabajo creativo?

¿Cuánto gasta él en sus horas de trabajo?

El gasto es incalculable también. A veces se trata de la vida entera o libros que toman años en escribirse. Y a veces el libro puede estar terminado pero si nadie lo publica es como si no existiera, como si el escritor o la escritora no habría trabajado. Es un asunto que demanda mucha dedicación y en el Perú hay factores que escapan del control de los escritores. En la Amazonía hay menos posibilidades de publicar, no hay librerías y la ausencia de lectores mata la labor creativa también. Sin lectores muere la literatura, pierde la humanidad.

Oscar Enrique Barreto Linares

Nació en Pucallpa (1981). Es autor de los libros de cuentos “Walnut” y “El último beso” así como del breve poemario “Tan cerca de la luna”. Le gustan los idiomas y la música. Espera contribuir a poner las letras ucayalinas en el panorama mundial, y convertir poemas propios y ajenos en canciones.

¿Cuánto cuesta la hora de trabajo de un escritor o escritora?

En mi caso, las horas de trabajo no son continuas. Actualmente, mi forma de enfrentarme a esa tarea es una mezcla entre las costumbres de Haruki Murakami y la espera de encontrarme en un estado de tranquilidad. Este último, más el tiempo que destino a la lectura (sí de forma regular) y una incesante inversión en el engorde de mi biblioteca, son factores que determinan el costo de la hora de trabajo. Sin embargo, no manejo una cifra exacta, que definitivamente no es barata.

¿Cuánto gasta él o ella en sus horas de trabajo?

Tengo que añadir que el tiempo entre composición y composición, más la práctica de otras actividades lucrativas, el aprendizaje de nuevas herramientas (maestría en una materia ajena) y el costo de publicación, como bien señalas, son factores que influyen en el gasto. Por otro lado, como alivio te digo que he reducido los costos agenciándome de bastante papel para escribir, jeje.

Miuler Vásquez González

Alto Mayo, en Rioja, el 20 de marzo de 1982.  Libros escritos: “No es nada personal”, “El paucar y la lupuna”, “Sin alma y otros cuentos amazónicos”.

¿Cuánto cuesta la hora de trabajo de un escritor o escritora?

La literatura no es un negocio rentable en la Amazonía. No hay utilidades para los escritores.

¿Cuánto gasta él o ella en sus horas de trabajo?

50 / 10 respectivamente, en soles.

John Ancka

Escritor y guionista (Iquitos, 1982). Ha publicado el cuentario Leyendas de venganza y realizó los guiones de los cómics Cementerio General y La Tumba de los dioses olvidados. Asimismo, ha participado en las antologías “Horrendos y Fascinantes”, Monstruos en la narrativa peruana, 201. Lado B y Trece veces Sarah.

¿Cuánto cuesta la hora de trabajo de un escritor o escritora?

Yo lo explicaría en unos términos que estarían relacionados con algo que conozco bien: el trabajo de oficina. En ese sentido, un trabajo de oficina justamente remunerado equivaldría a unos 5,000 soles al mes, que divididos por 30 días corresponderían a un pago de 166,6 soles al día. Y en una jornada de 8 horas serían el equivalente a 20,825 soles por hora.

Creo que ha resultado demasiado matemática la respuesta, pero espero que sea entendible.

¿Cuánto gasta él o ella en sus horas de trabajo?

En mis periodos de vacaciones mis jornadas laborales las reemplazo por jornadas laborales de escritura, es decir, que he llegado a escribir un promedio de 8 horas diarias de lunes a viernes (y los sábados y domingos de 2 a 3 horas aproximadamente), es cierto que resulta bastante agotador el esfuerzo, pero al ver lo avanzado en esas jornadas puedo asegurar que vale la pena.

En días normales en los que tengo que alternar mis jornadas de escritura con otro trabajo. Suelo escribir unas 10 horas de lunes a viernes (después del trabajo unos días 2 horas, otros 3, algunos ninguna hora). Los sábados 6 horas y los domingos de 3 a 4 horas.

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