Sacando punta a los folios

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Sacando punta a los folios de envolver pescado

Por Miguel DONAYRE PINEDO

La buena vejez consiste en un envejecimiento lento y sin sufrimiento.

Porque no es buena la vejez si uno envejece deprisa

o despacio pero con sufrimientos

Aristóteles en “Retórica”

Percy Vílchez, Manuel Rosas y Jorge Carrillo en los primeros años del diario.

I

Recuerdo una tarde, la friolera de diecinueve años atrás, me invitó Jaime Vásquez para una tertulia con Percy Vílchez, en su casa de la calle Putumayo. Percy era el editor del diario -para mí esa primera época del diario fue de oro, no sé, los titulares seducían y muchos dieron la vuelta en el ámbito nacional-. El diario paralelamente editaba un suplemento cultural de nombre Varadero a cargo de la poeta Ana Varela y también colaboraba en él reseñando las obras de escritores. El suplemento era un gaudeamus literario. Amén que literariamente vivía en una presumible buhardilla -para darle un aire nostálgico, de la calle Putumayo donde el rey era el ruido casi las 24 horas del día- me decían que era un exagerado, un intelectual en pose de cartujo atado a su torre de marfil pero morar en ese chiribitil era una agonía por la contaminación sonora. Mi madre como conocedora de la ciudad me espetó, aquí fueron las antiguas oficinas de los juzgados, me quedé de piedra, coincidentemente allí con la algazara fragüé un texto de un indígena que reivindicaba sus tierras de rastrojos, sus purmas y de paso ponía en cuestión, sin querer, a la manera improvisada y prejuiciosa de hacer investigaciones de archivos en la floresta. Los archivos judiciales fueron desdeñados por antropólogos y otros investigadores sociales de miras cortas [tengo pendiente el expediente judicial de una indígena litigante que vindicaba sus gomales].

Ana Varela evocada por el autor de la nota por su paso por Varadero

La reunión era para que me propusiera el editor una columna de opinión. Me dio carta libre y, claro, que acepté. Fue una sorpresa grata y desde entonces mi relación con el diario ha sido bien como columnista o como lector. De paso que mi colaboración [y compromiso adquirido] actuaba para mí como gimnasia y disciplina previa para mi relación con la Literatura[antes de lanzarme a garrapatear la novela que trabajo escribo una crónica, se calienta mejor el pulso]. Ha sido un punto de apoyo, debo decirlo, pero no voy a persistir en la manida y tortuosa relación Literatura y periodismo, se suele caer en lugares muy comunes como el debate superfluo, futbolísticamente, hablando de quien es mejor ¿Pelé o Maradona?

 

II

Desde mi diáspora madrileña una parte de la mañanera rutina luego de haber leído el capítulo de un libro o de una novela es encender el ordenador y conectarme a Internet. Ese ejercicio tiene mucho que ver con mi ánimo o el clima del cuerpo como se refería Julio Ramón Ribeyro. Empiezo mirando el diario local de Madrid, el diario Pro y Contra y los diarios de Lima. Este orden no es estricto depende del reporte meteorológico de las emociones. Por ejemplo, ante la amenaza de muerte contra Jaime Vásquez y Jorge Carrillo es uno de los primeros diarios que visito. Releo las noticias para encontrar una pista del sicario. Señalar que es una seria amenaza contra un derecho fundamental que es la base del sistema democrático, la libertad de expresión. Es una putada que roba el sueño, no quisiera estar en el pellejo de estos dos periodistas.

Pero para mí el diario, amén de informarme, sobre la ciudad y sus protagonistas es un insumo o fuente literaria sin precedentes. Alguien señalaba que los escritores son los zopilotes de la vida social porque en esos residuos hay más que suficiente material literario. Gracias a él he podido pergeñar personajes. Esbozar situaciones. Recuerdo que en mi primera novela, Estanque de ranas, he prestado hechos para transformarlo en Literatura. Ni que se diga de Archipiélago se sierpes, donde se aborda el periodismo tropical con sus mieles y sales. Aunque la realidad siempre supera por milímetros a la imaginación. En una próxima novela a publicarse por Tierra Nueva, mucho de lo que sucede ha sido fuente de inspiración las noticias del diario o de los radioperiódicos que dicho sea de paso, éstos últimos son un océano que puede usarse para la creación. Mi relación adúltera, es decir, a ratos y público, con el periodismo tropical me ha servido mucho. Da juego.

No es que se haga una transcripción literal de la noticia pero te da una idea de lo que quieres hacer. Está la materia que luego la descompones y la tallas como quieras. Añades, restas, prestas, sumas, multiplicas, divides. Es una operación algebraica compleja. Este proceso me recuerda a una exposición de un artista plástico, Fernando Sánchez Castillo, que miré hace poco. Él compró en un remate el yate histórico del Generalísimo Franco, estaba en un desguace abandonado en Burgos. En el “Azor” se celebraron ciertos acontecimientos históricos como la conversación entre Juan de Borbón con el dictador [se acordó quien tomaba el testigo era el actual jefe de Estado de España] o que Felipe Gonzáles, en plena democracia paseara en él en unas cuestionadas vacaciones veraniegas. En 1990 lo mandaron al desguace donde lo compró este artista. A través de un vídeo se puede ver la transformación [desmantelamiento] de la nave en unos cubos de metal prensado que se exhibían en la muestra, adiós a toda la carga histórica-simbólica de ese yate. Similar proceso ocurre con la información del día a día de los diarios. Uno coge la noticia, reflexiona sobre ella, la cincela y lo vulgar lo vuelve literario como pregonaba Flaubert [un  gran admirador de este novelista francés es Orham Pamuk sobre todo por su testamento literario]. Recordemos que Los Cachorros, de Vargas Llosa se debió a una noticia aparecida en los diarios. La emasculación de los genitales de un perro a un adolescente.

Ese proceso complejo de volver lo vulgar en literario es de paciente alquimista como la de los Uitoto que convierten la yuca venenosa en casabe. Aquí es igual. Hay que morigerarlo, rasparlo, dejarlo pasar unos días. Volver a él. No es fácil. Lleva su sudor. Claro, es darle otro punto de dramatismo, de ritmo, de soltura. Aliñarlo. Es como estar bajo los fogones al cuidado de la cocina o de los ingredientes. Hay que saber el punto exacto como quitarle el veneno a la yuca si no te llevas serios chascos.

Por ejemplo, que una autoridad de una ciudad cualquiera vuelva al sillón del águila [en el decir de Carlos Fuentes, al sillón donde se ejerce el poder] con una precaria salud a ejercer el cargo a toda costa y, acto seguido, firme como un poseso cheques con su mano no acostumbrada para estos menesteres es solomillo o un buen lomo saltado para un escritor. Saliva de solo pensarlo. Se frota las manos y al tajo, allí no hay el famoso bloqueo de la página en blanco, por el contrario, brotan ideas como si estuviéramos bajo el influjo de la ayahuasca. Es una gran hipérbole de aferrarse al poder a como que dé lugar. Es una imagen de unos políticos envilecidos que mueren por el dinero lejos del perfil de la autoridad que ejerce el poder a favor de los intereses de la ciudad, que tiraron la ejemplaridad pública por la borda ¿Qué le hizo adiestrarse a esa autoridad en una mano que hasta ese momento le era inútil?, ¿Cuánto tiempo tomo domeñar a su nueva mano? Sí que da mucho morbo. O que su rival sustituto en la misma institución se rebele y no quiera dejar el cargo y para ello cuestione la opción sexual del sustituido. Y al mismo tiempo, emerja un barrio de broncas entre los concejales de su propio partido por una parcela de poder, dicen adiós el amor por la ciudad y se palpan los bolsillos ¿son o no elementos o materia prima para la creación literaria? Claro que sí. Ni dudarlo.

Pero no sólo los políticos son referentes de materia prima para la Literatura, pueden ser hasta los mismos redactores del diario. Recuerdo que una vez en la crónica de policiales el avezado cronista narraba la pelea de unos cónyuges por un presumible adulterio de uno ellos. El plumífero señalaba, y añadía, en un tono casi dramático, que supuestamente el cachudo dormía bajo el tálamo donde sucedió el adulterio ¿Fue el temor inconsciente del cronista? ¿Qué le pasó por la cabeza al momento de redactar la cuartilla? Esa noticia la guardo en un lugar preferente, me parece digna de análisis de un psicoanalista. Amén de los titulares. Muchos de ellos se podrían enmarcar en la patria de lo real maravilloso o del lo real tropical.

También los lectores hacen de las suyas. Más cuando tienen el escudo del anonimato y se ponen a comentar noticias con tan mala leche que pone los pelos de punta. Arremeten estérilmente contra el cedazo personal de los cronistas ¿Quién no ha recibido los palos de estos glosadores amigos del improperio que tire la primera piedra? Casi todos. Muchos de estos justicieros de la nada lo hacen desde el dolo, la mala fe. Desde mi modesto punto de vista, me parece que los diarios deberían regular a esos o esas difamadores gratuitos. Son como los electrones o los versos libres pero emponzoñados. No les para nadie, desenfundan el ser agrio que guardan dentro e insultan para denigrar. Ya no comentan la opinión, que finalmente es sólo una opinión como cualquier ciudadano o ciudadana, con razón o sin ella pero no es una sentencia irrevocable, pero las apostillas lanzan ofensivos y denuestos sin sentido, y sin poder replicarlos. Muchos de esos adjetivos utilizados los he usado como materia literaria. Es que de los diarios no se desprecia nada.

Los anuncios de publicidad son todas unas joyas. Recuerdo uno que glosaron en este diario, que el Instituto Nacional de Cultural anunciaba una actividad cultural y entre los auspiciadores estaba un puticlub o lugar de alterne muy conocido. Era un regalo. La realidad venía al escritor o escritora. Un filete argentino para la creación literaria. En verdad, los diarios contribuyen de alguna manera u otra con la creación narrativa.

Es cierto que las noticias son historias de cristalización momentánea. Se rompen en el plazo de horas como la vida de los gusanos de seda. Que de un día para otro se observa de manera diferente pero han contribuido en los demonios personales de los escritores. De esos deicidas, diría nuestro Premio Nobel. En ese sentido, el deicida impone su redaño. Altera el tiempo de la realidad. Las historias se subordinan al tiempo de la novela. En ese sentido, son “descuartizadores” y la literatura impera en su propio reino. Tiene sus propios códigos. Una noticia sufre adaptaciones, climatizaciones para la creación literaria. Si hicieran una encuesta a escritores y escritoras si guardan noticias o crónicas periodísticas, la gran mayoría responderían asertivamente.

 

III 

Los folios de los diarios no son solo para envolver pescado. Son multiusos. Nos ilustran. Nos informan. Inclusive, algunos empapelan la pared de una casa. Coleccionamos noticias que con el tiempo nos cubren de morriña. De paso, alimentan el mundo de la creación sin querer. Es como una fotografía instantánea de las máquinas Polaroid, esas que apretabas y al momento se revelaba la imagen. Claro está, luego va ser retocada con añadidos y supresiones. Es que la realidad de la novela que es una realidad paralela, distorsionada, torcida. Es un mundo dentro de otro. Que no tiene nada que ver con la que vivimos todos los días. Se habita en otro mundo que se parece al que moramos pero que es diferente, tiene sus propias reglas como la verosimilitud con la cual nos engarzamos aquellos que recreamos historias. ¿Las noticias son un préstamo a las historias? Es una respuesta con muchos vértices. Es territorio cenagoso. Contaminado. Me atrevo a mojarme y digo que sí, pero no sólo es eso. La novela es más ancha. Juega con otras posibilidades. Se agrandan, se achican, se olvidan. Es un mundo al que huimos de esas noticias que nos incordian y que nos sumergen muchas, tantas, veces en el pesimismo. En ese escape buscamos una realidad que se refracte hacia la ficción para no morir aplastados y la novela es el espacio ideal sin lugar a dudas.

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