Rúas de Oporto

Rúas de Oporto

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Lo que más impresiona de Oporto es su centro histórico y el cruce de tiempos en toda la ciudad. Desde hace unos años hay preocupación por mantenerlo, por preservarlo. Es una bella almendra que en los días de verano están llenos de turistas de todo pelaje. Andan con la moda del selfie que realmente es preocupante. Toman fotos hasta de los lugares más banales para dejar testimonio en las redes sociales que anduvieron por allí. Son inagotables sus fruslerías y actitudes pocos cívicas (no tienen nacionalidad). Hay que dosificar la paciencia porque te topas cuando menos esperas con estos bípedos. Es una ciudad de muchas subidas y bajadas (me recordaba Nauta), hay que estar en forma. Por sus calles uno encuentra ecos de varias ciudades: como Bahía de Todos los Santos en Brasil –la zona de Pelourinho y Río Vermelho (hay un elevador como el Lacerda), algún rincón de Manaos que está por el Teatro de la Ópera, las todavía edificaciones caucheras en Isla Grande (en esa isla perdida de la floresta peruana son tan tontos que derriban el patrimonio arquitectónico sin pudor). Las construcciones de algunas casas, en las ciudades citadas, se parecen mucho en su diseño y sus ornamentos como es el caso de los famosos azulejos portugueses. Inmediatamente te trasladas a esos lugares. Uno camina con esos retumbos en la cabeza por sus rúas. De repente cuando menos espera te topas con un antiguo tranvía. Es como si el tiempo de antaño volviera por unos minutos por la ciudad. Es un remojo de nostalgia, de saudade, de morriña (en gallego). Por eso decía que Oporto es un encuentro de las aguas del tiempo. Por donde uno camina por el centro de la ciudad el faro es la Torre dos Clerigos, un bello edificio del siglo XVIII. De cualquier punto de la ciudad se puede mirar. La ciudad es un misturado del presente, del pasado y del turista – que anda a su puñetera bola husmeando todo y sin valorar lo que se encuentra, dándote codazos si puede. Recordaba que el filósofo Santiago Alba señalaba lo devastador que puede ser el turismo, y lo es (el capitalismo lo pervierte todo hasta el sexo, me decía un amigo con tristeza). Así llegamos al puerto donde con buen día luce a plenitud. Oporto mira al mar.

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