Revolución, según Randy

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Randy ya es periodista, aunque no ha concluido estudios universitarios en la UCP por carecer de recursos económicos, como muchos. Le ha llovido sobre mojado en los últimos días por haber promocionado, participado y excederse en la movilización convocada para protestar por el mal estado de las calles en Iquitos. Pero ya mucho antes de esa convocatoria, según confesó en el programa que dirijo en las noches en la televisión loretana, le han dicho de todo en los distintos medios de comunicación. Desde homosexual hasta corrupto. Desde vendido hasta maricón. Por ahí aún están medio amarillentos los archivos periodísticos que le han dedicado varias líneas naranjas.

Como todo ser humano, Randy ha cometido errores. Y excesos. No es, pues, perfecto. Contrariamente a muchos que le critican, Randy no sólo comete errores sino que los acepta y ofrece disculpas por ello. Ha cometido un error en incentivar que los manifestantes del viernes último vayan a la casa de la Alcaldesa. Ése no es el lugar para protestar contra la autoridad edil. Aceptó su error y eso es inusual. Pero es de personas hacerlo. Como en otras cosas el problema no es cometer errores sino persistir en ellos. Randy no ha persistido pero no interesa a los enemigos de la nada.

En los últimos días, quizás empujado por las circunstancias, ha radicalizado su crítica y oposición a la gestión de la Alcaldesa de Maynas, Adela Jimenez. Ha llegado a repetir una frase temible pero impracticable: Si no hay solución habrá revolución, ha dicho. Ni él se lo cree. Porque quienes conocemos, aunque sea epidérmicamente, a Randy sabemos que no está hecho para la revolución desde la calle.

Randy ha llegado al diario Pro & Contra cuando yo estaba por otros lares. Cuando un día aparecí en la redacción le pregunté con qué partido político simpatizaba ya que se dedicaba a la sección Política: “soy fujimorista”, me dijo allá por los últimos años del 2012. Tú estás haciendo lo que yo me estoy olvidando, le dije en bromita. Luego un día me preguntó: “Don Jaime, ¿puedo hacer un reportaje sobre el alcantarillado criticando la gestión de Iván Vásquez?”. Si lo que dices crees que es verdad y tienes como sustentarlo, publícalo, la verdad es nuestra única arma y si alguien se molesta, qué le vamos a hacer, le contesté. Creo, solo es una creencia, que desde esa conversación nos respetamos mutuamente. Y por ese respeto me atrevo a lanzar algunas afirmaciones al viento.

Prefiero que un periodista cometa excesos antes que se autocensure. Me gusta que los jóvenes periodistas se tropiecen aunque sea con la misma piedra, pues llegará el momento que no lo hagan. Los periodistas -los de verdad, los de cierres de edición, los de adrenalina al borde del colapso, los que persiguen una primicia sin perseguir otras intenciones, los que no tienen horario y son capaces de dejar lo que sea por informar desde cualquier lugar del planeta- sabemos que nuestra chamba siempre será polémica -sino pregúntenle a Jorge “Potrillo” Carrillo lo que torpemente le ha soltado en cadena nacional el gobernador. Los periodistas como Randy son necesarios, son útiles. Por ello quienes no lo son, quienes alquilan espacios y se dedican a la patraña, los que gritan que no son periodistas sino comunicadores -cuando no saben que ser comunicador social es una responsabilidad mayor que el periodismo- insultarán de la peor manera a jóvenes como Randy. Lo insultarán, denigrarán, vejarán, difamarán, pero no podrán matarlo. Porque el día que maten a jóvenes como Randy habrán matado a la profesión. Y eso es bien difícil que suceda. Y, además, como siempre he dicho, los procontristas estamos preparados para andar por caminos pantanosos o aguas turbias. Y Randy es un procontrista, como muchos otros que hoy recorren los medios de comunicación de Iquitos. Para orgullo nuestro y, más, de ellos mismos.

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