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ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel

Ahora resulta que un agustiniano que respeto mucho me escribe una carta (Ver sección aparte en esta edición) donde acude a Maurilio -ese sacerdote por demás ejemplar- para indicar que “hablar mal de los ausentes o de alguien que ya no puede defenderse (…) es cobardía”. Y todo porque este diario recordó la muerte de “El tigre” e hizo una reseña de su vida en todos los campos y reprodujo unos escritos periodísticos, como manda la norma elemental del oficio. Entiendo que como hijo de Silfo Alván, el agustiniano Franck, analice la gestión de su padre como una de las mejores. Me imagino que igual pensara el también agustiniano Luis Lozano de su padre Luis Armando. También me imagino que igual pensamiento tendrá el agustiniano ….Valera de su señor padre el ingeniero Rony Valera. Y la lista puede continuar hasta llegar a Salomón Abensur sobre su señor padre Joaquín Abensur Araujo. Y está bien que ellos piensen así de sus padres porque los “juzgan” con ojos de hijos y eso demuestra que, entre otras cosas, son buenos hijos.

Pero quienes no tenemos esa condición miramos con un poco más de objetividad a las autoridades. Y colocar una cita periodística no hace que se avale la misma sino publicar la mayor cantidad de datos. Y los periodistas no podemos excluir a los fallecidos de alguna crítica porque no es la intención analizarlos únicamente como personas sino como autoridades. Y en ese análisis encontraremos algunos errores que han podido cometer. Y los mismos no los hacen indignos sino humanos. No los perjudica sino que los muestra en toda su dimensión.

No soy de aquellos que creen –tal como lo repitió Jorge Luis Borges en vida- que la muerte eleva a las personas a la categoría de inmaculadas. Por eso será que detesto las ceremonias fúnebres y siempre se me hace difícil asistir a los sepelios. Porque en esas circunstancias no sólo los muertos se santifican hipócritamente sino que los deudos que quedan intentan dar la apariencia de seres humanos caritativos.

Entiendo que quien escribe esa carta se sienta un poco mal por la reseña periodística. No era la intención agradar ni a los familiares ni a los que Silfo conoció. Solo quisimos dar detalles de un hombre que en los ámbitos que se desempeñó puso alma, corazón, vida y plata, esto último que se encargaron de despilfarrar impúdicamente quienes debieron seguir las huellas de un tigre que daba un paso atrás para dar miles adelante, y no hablo de Acción Popular. Finalmente, si alguien se han sentido ofendido y/o agraviado ofrezco todas las disculpas del mundo porque nunca fue esa mi intención ni con tigres, ni con otorongos, ni con charapas.

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