Réplica

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He tratado de ver la mayor cantidad posible de películas sobre el horror de los judíos y contra los judíos. Pues no se crea que los germanos llevaron a cabo el genocidio más sistemático que se recuerde solo con recursos propios. Tuvieron la colaboración traicionera de los hermanos de quienes deseaban eliminar. Todo eso está documentado y se puede consultar en internet. Uno ‘guglea’ –españolizo el término usado en las redes sociales- holocausto y se puede pasar días, semanas, meses y años y no terminará de enterarse totalmente del tema. Pero otra cosa es visitar el Museo del Holocausto Judío en Washington. Es oler a quemazón, es sentir la sensación de los muertos que nunca mueren, es percibir que los zapatos dejados en los campos de concentración nunca terminarán de recoger los pasos de sus propietarios.

Los textos bien colocados y redactados junto a las fotografías profesionalmente seleccionadas muestran un horror que aun siendo distantes en el tiempo y –para este columnista- en la geografía nos ponen los pelos de punta. Provoca en cada visitante lo que los diseñadores se han propuesto.  Es decir, conocer la historia y conmovernos ante la miseria humana. Ver a los líderes que tuvieron en sus gabinetes decisiones importantes y que ellas fueron determinantes para la barbarie de los años posteriores a la asunción a la Presidencia de Adolfo Hitler. En poco más de sesenta minutos uno puede pasearse didácticamente –sin demasiados adjetivos ni subjetividades- por la historia europea desde que el entonces canciller Hitler asume el mando por una dejadez de sus opositores y va generando las condiciones previas a la matanza que –hay que decirlo con vergüenza ajena- recibió el aplauso desmedido del pueblo germano.

Al finalizar del recorrido –donde puede toparse con por lo menos cien televisores de última generación y proyectores modernos- uno ha recibido la mejor clase de historia. Y algunos pensarán que igual –o quizás mejor- información se puede encontrar en internet. Puede que sí. Pero el caminar por este espacio es casi como regresar a los años 30,40 y 50 del siglo pasado y percibir el olor de la carne humana quemada, auscultar a los niños arrinconados por sus propios padres y confinados al exterminio, respirar ese ambiente insoportable de la discriminación que llevaba a la exterminación.

He afirmado en anterior artículo que después de recorrer este Museo en Washington siento que ya no soy el mismo. Que existe un antes y un después en mi existencia y que –vaya uno a saber si es por la cercanía de la visita o el impacto que la misma tuvo en todo mi ser- cada instante regreso a esa barbarie y cómo se ha mostrado. E, inevitablemente, regreso a Iquitos y pienso que ya es hora que tengamos un museo como Dios manda. Realizado profesionalmente sin errores absurdos, sin terquedades insensatas, sin mezquindades mediocres, sin comparsas de académicos que niegan su propia formación. Ya es tiempo que los iquiteños mostremos al mundo y a nosotros mismos que tenemos hechos históricos que van en una línea de tiempo paralelo a lo ocurrido en Europa y que necesitamos insertarnos en el escenario mundial con exposiciones permanentes de lo que fuimos. Sólo es replicar.

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2 Comentarios

  1. Alguien nos puede comentar el por que el odio a los judíos, han sido expulsados de España, odiado por los Musulmanes, detestados al punto del exterminio por los Nazis, existen unos y otras conjeturas, cual sera la realidad. desde que siglo se da esto.

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