Reflexión en el dolor

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La pérdida de tres vidas humanas en el terrible incendio que azotó una fábrica de suelas de calzados y un depósito del Ministerio de Salud en la ciudad de Lima nos lleva a unas reflexiones que son cíclicas, cada vez que se da un lamentable hecho como el presente, y que, si bien muchas veces no sirven para algo estas reflexiones, nos remueven bastante y nos hacen pensar el por qué estamos en esta tierra, si vale la pena morir de esa manera y muchas preguntas más.

Este suceso debe trascender, no quedarse como una anécdota. Nos remueve las fibras más hondas el presenciar que tres personas jóvenes entregan su vida por salvar la de unos desconocidos, sin saber si estos son buenas personas, íntegras, solidarias; en fin, si realmente ha valido la pena el sacrificio. Eso es lo sustancial del ser humano: nuestra existencia como seres pensantes y sensibles debe seguir prolongándose y lo hacemos a través de nuestra descendencia, también permitiendo que otros sigan viviendo por medio de este sacrificio y por otras actividades más, como la medicina, que nos permite extender algunos años a los que tenemos programados.

Nos hace pensar que la vida se puede acabar en cualquier momento y estoy seguro que ellos, un día antes, ni pensaban que todo iba a acabar tan pronto. Ello nos hace reflexionar, otra vez, que hay que vivir cada día como si fuera el último, aprovechándole en el sentido más amplio y bueno de la palabra: aprendiendo y aprehendiendo todo lo que nos ofrece la vida, brindando todo lo bueno que suponemos tenemos, transmitiendo amor a los más cercanos a nosotros, recogiendo felicidad, en fin, como se dijo al principio: aprovechándolo. La vida puede ser más corta o larga de lo que realmente deseamos, si acumulamos buenos recuerdos vamos a tener una vida más plena ya que todos los días los recuerdos nos mueven, las cosas que hicimos o dejamos de hacer ayer, los hechos que quedaron untados a nuestra memoria desde la infancia, todo ello forja nuestro espíritu y nos hace ser los seres que somos.

Esto en el plano personal, en lo social esto nos obliga a ser mejores. Una actividad tan solidaria como la de los bomberos debe desarrollarse con el apoyo del estado. Se debe dotar a las compañías que los aglutinan con los equipos necesarios para su labor, con los carros modernos. Se debe garantizar que el agua, en las tomas existentes en las calles, fluya con la cantidad y fuerza necesaria para que la labor sea fructífera e, inclusive, se debe garantizar un pago, llámese sueldo o algo parecido, como retribución a tanto desvelo y no sería descabellado pensar que con el tiempo, a mediano plazo, se podría profesionalizar esta actividad y, con seguridad, se tendrían mejores condiciones de trabajo.

Se podrían contemplar ciertos beneficios para las personas que trabajen como bomberos; seguro médico obligatorio, capacitaciones constantes, etcétera, para ponerlos a la par de algunas profesiones que tienen relación con su actividad, como las de salud.

Generalmente solo pensamos en ellos en situaciones tan terribles como esta y cuando estas no se han presentado, para hacer los chistes consabidos por su labor desinteresada.

Seamos solidarios con ellos, no solo con gestos y palabras, les toca al ejecutivo y al legislativo impulsar mejoras para su labor. A los ciudadanos corrientes ya nos ha sacudido el alma y nos ha hacho abrir los ojos un instante y darnos cuenta que existen, todavía,  personas tan generosas y tan humanas como ellos.

 

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