Porqué me abandonaste

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Porqué me abandonaste

ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel

Viejo comprende que no todos son doctores como tú, escucho en la voz de Río, el grupo de moda cuando el menor de tus hijos pugnaba por convertirse en periodista y se alimentaba como un perfecto clasemediero, de esos que Alan en su primer gobierno quería eliminar. Ahora quiero eliminar los marzos de todos los años. O al menos ese día 18, recién caída la tarde en que una de tus hijas comunicaba a toda la parentela el sensible fallecimiento de quien en vida fue don Carlos Toribio Vásquez Vásquez. Qué tal ché Carlitos, como te decían los sobrinos que empinaban el codo contigo cuando debías tener el puño cerrado.

Te recuerdo hoy, que eres mi vida eterna, mi brisa de primavera, creo escuchar en la voz de José Luis Perales mientras deambulo por la nocturnidad de esta noche después de saborear un café traído desde Arequipa por un amigo al que tú debiste conocer para sacarte esa idea que los arequipeños son tal por cual. Esa canción me traslada a donde estés y veo tu foto y cierro los ojos y la computadora escribe sola, como si fuera una ouija, ese aparatito medio enigmático que jugabas con tus hermanos para saber –entre otras cosillas- si CNI iba a ganar el partido del domingo.

Porqué me abandonaste, no sé porqué, oigo con nitidez en la voz de esa mujer llamada Daniela Romo y que seguramente no te agradaba porque las del sexo débil no estaban para canciones y menos para aplaudirlas. Y me detengo en el tiempo para ver cómo corrías de un lado a otro como un delegado ejemplar del mejor equipo de pelota de trapo que aún los coetáneos tuyos y míos recuerdan. Te veo flaco, saltando por cada gol de esos seis diablitos, equipito que formaste con todos los chicos y no tan chicos del barrio. Te veo tomando un café donde Pedro y conversando con la familia y los que no lo son. De política, que el Apra no se olvida de sus colas y majaderías, de deporte, que CNI nunca debió bajar, de trabajo, que junto al tío Alejandro fuiste el pionero de las sillas de plástico y de las rejas de fierro. Qué bárbaro viejo, tantos temas.

Cambia, todo cambia, cambia todo cambia, aprecio la canción en la voz de Mercedes Sosa y, zas, como si alguien apretara power y después player, te veo renegando con esa dulzura que solo el amor a tus hijos podría permitir porque un joven vástago tuyo creía que la revolución se hacía cantando en la sala de tu casa y perturbaba no solo los dormitorios sino tu tranquilidad política tan acciopopulista, tan belaundista. No pretendo solicitarte perdón por esos malos momentos. Nada, señor. Nadie quita lo vivido y sufrido. Y vaya que habrás sufrido al criar a siete de los tuyos. Tanto como habrás disfrutado teniendo en tus brazos a los primeros nietos que te mandó la vida. Hoy esos nietos continúan la estirpe y, por lo que veo y escucho, van por buen camino. ¿Estás ahí viejo?, en esta madrugada medio lluviosa siento que entras a la oficina y tu alma me da vida, confío en ti señor de señores. Siento que me proteges y que el espíritu santo me hace un santo y seña con un aire tenue y estremecedor.

Padre nuestro tú que estás en los cielos perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, deletreo junto con el padre Maurilio Bernardo que se encuentra en el púlpito. No sé porqué cada marzo, antes del 18 o durante o después, ya se ha hecho una costumbre sentirte más cerca que nunca. Y las palabras me vienen solas. Y se van solas. Te veo junto a Maurilio. Junto a Antonio. Junto a Alejandro. Junto a Amelita, Noelina, Juan José, Elisita, Elenita. Tías todas.

Así, con Río, José Luis Perales, Daniela Romo, Mercedes Sosa y Maurilio he cantado junto a ti y al inicio pensé que nos habías abandonado. Pero no. Nunca, ché Carlitos. Nunca viejo del alma. Porque mientras te recordemos, tu presencia nos seguirá dando vida. Por eso y muchas cosas más, confío en ti señor. Que quede claro: no nos abandonaste. Solo te fuiste para que nunca te vayas. Amén.

P.D. Potrillo, con quien comparto las noticias buenas y las no tanto en este oficio ha llamado para decirme que “el viejo” Aniano ha fallecido. Habrá que dedicarle unas letras a ese gran hombre que fue padre de sus hijos y, también, de sus nietos. Este marzo me cae quaker.

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1 Comentario

  1. Y sin embargo, Jaime, marzo tambièn puede ser un mes de alegría en otras latitudes. El 18, por ejemplo, nació Matheo, mi segundo hijo y le estamos haciendo su fiesta como todo niño para ver una vez más como se desata la alegría de los infantes y nos hacen ver como la vida se reproduce otra vez en los nuestros. Un saludo para ti, tu familia y tu padre en ese día.

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