Paro por el canon

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Era junio de 1979 si no me equivoco. Se pugnaba por conseguir el canon petrolero. El gobierno militar estaba de salida. Luego de Juan Velasco Alvarado, que nos gobernó desde octubre del 68 hasta agosto del 75, vino Francisco Morales Bermudez que nos gobernó hasta julio de 1980. Ya había un cronograma de retorno a la democracia y las fuerzas de izquierda mantenían una posición beligerante. En Iquitos el Frente de Defensa de los Intereses del Pueblo de Loreto estaba en su máxima expresión. Pepe Sicchar y Pepe Barletti marchaban por las calles con los puños en alto y a ellos se unían los políticos de todos los colores.

Recuerdo que en una asamblea realizada en el estadio “Max Augustín” el empresario José Silfo Alván del Castillo, mientras se discutía cómo se paraba la olla común por la huelga indefinida, ofreció entregar cien soles diarios para la compra de alimentos y el público arrancó los aplausos más sonoros de esa cita. “El tigre” se estrenaba como político, pues el gobierno militar le nombró Alcalde de Maynas  porque su antecesor, Daniel Linares Bazán, en plena campaña electoral declaró “huésped ilustre” al arquitecto Fernando Belaunde Terry, quien llegaba a Iquitos para repletar la Plaza 28 de Julio. Tanto en el estadio como en la plaza mencionada fui testigo del ofrecimiento de quien después se convertiría en figura política imprescindible hasta su muerte, ocurrida en julio de 1992.

Esos eran paros convincentes y llenos de entrega. Un niño que apenas había cumplido la docena de años lo vivía con entrega y sorprendido porque la ciudad paralizaba. Se consiguió lo que se pretendía. Diez por ciento de canon petrolero.

Ahora que ya llegaré a la base cinco he vivido cómo los paros se han ido desprestigiando y los convocantes gritan sin sentido. Hablan en nombre del pueblo y no están cerca a él. Vociferan improperios como si la palabra fuera un instrumento para balbucearla. Solo basta escucharlos para cambiar de dial. Porque lo que dicen ni siquiera es entretenido. Y si en ese estadio cercano al barrio donde me críe y esa plaza 28 de julio donde íbamos para saborear el parinari aromático experimenté a finales de la década del 70 con mis ojos infantiles y mis oídos inexplotados cómo se confundía masa con dirigencia hoy veo con cierta nostalgia pero con más desazón cómo ha sobrevivido una clase que dice llamarse política pero que ha hecho del legado de Aristóteles o Demóstenes una forma mediocre de ganarse la vida.  Si esos ojos infantiles han visto el desprendimiento de la lucha en los 70 la vida me ha dado la suerte de ver cómo esos gritones de los medios de comunicación que buscan espacios en Iquitos no se cansan de ir a Lima a mendigar un sencillo a esa clase política que dicen combatir y a la que no dudan de implorar la entrega de balas que no son más que monedas que les devuelve a su realidad, es decir la mediocridad y la traición a ellos mismos.

P.D. Este artículo va dedicado a Américo Menéndez, Orlando Escudero, Luis Abecasís y otros más que siempre forman “la comitiva”, cuyos nombres no recuerdo.

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1 Comentario

  1. Felicitaciones pro y contra por esas pastillas de historia que enriquecen nuestra cultura…Personalmente tambien he vivido luchas donde el pueblo se unia con convicción y han sido contra la dictadura de los 90s y quizas han sido el ultimo dirigente que he visto capaz de poder convocar unirnos y movilizar a todos….un homenaje al gran Antonio Donadio…que lastima que hoy el FPL no sea ni la sombra que el dejo.

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