Nadar solo – Febrero 11

252
0
Compartir

La Jangada: Verne en el Amazonas

Siempre he creído que algunos libros se disfrutan mejor con el paso del tiempo, pues a través de la distancia se puede apreciar su valor integral, además de la destreza narrativa.

Esta semana se cumplió el aniversario del nacimiento del gran escritor francés Julio  Verne, pionero de la ciencia ficción y uno de los referentes más importantes de la literatura de aventuras del siglo XIX. La capacidad de imaginación de Verne han sido claves en la proyección de inventos o sucesos tecnológicos. Lo interesante es que la creatividad del narrador aún sigue presente con el paso del tiempo.

La febril y descomunal obra de Verne no podía dejar de albergar a La Jangada (también conocida como 800 leguas por el Amazonas), cuya significancia para el conocimiento de episodios característicos de la selva peruana se ha ido consolidando en todos sus aspectos.

El libro le debe mucho a José Manuel Valdez y Palacios, viajero condenado al ostracismo por el General San Román, quien entre 1844 y 1846 publicó en Brasil un libro  titulado Viaje del Cuzco a Belén en el Gran Pará, donde narra su travesía, casi toda a pie, hasta la desembocadura del Amazonas, con una gran profusión y manejo de detalles del ambiente.

Es muy probable que Valdez haya inspirado a Verne. Incluso, en La Jangada uno de los personajes principales, “o brasileiro Manuel Valdez”, tiene claras similitudes con el personaje real. Varios pasajes del libro de Verne están integrados a los detalles relatados en el viaje de Valdez.

Publicada en 1881, ambientada entre 1850 y 1855, La Jangada narra las peripecias de la familia Garral, quienes debido al casamiento de su hija deben partir de una paradisiaca hacienda (con jardines imponentes y maravillosos) cercana a Iquitos, con destino hacia Belem. Joao, el padre, guarda un secreto muy recóndito y teme volver a territorio brasileño (pues podría perder la libertad y la vida misma, debido a un crimen del cual fue acusado tiempo atrás).

Con el afán de asegurarse a su retorno, Joao manda a construir una balsa (o jangada) inmensa, “una nave del tamaño de una isla”, donde alberga toda la hacienda, así como a todo su personal y servidumbre (80 esclavos indios y negros). En medio del viaje, aparece un personaje que conoce el secreto de Garral y además posee un criptograma que lo salvaría de ser ajusticiado. Sin embargo, al negarse a un chantaje, Joao es delatado y tomado preso en Manaos. Se inician una sucesión emociones que tienen como objetivo central descifrar la clave y el secreto del manuscrito que salvará al protagonista de la muerte.

En esta muy apretada y personal síntesis descubrimos el espíritu aventuro de La Jangada. Sin embargo, no es posible obviar la enorme trascendencia de un libro de estas características. En primer lugar, debemos situarla en los inicios de la novela que tiene como centro espacial a la Amazonía y a Iquitos. La forma como Verne retrata la entonces aldea iquiteña es impactante, a pesar de no haberla conocido físicamente:

“Iquitos había sido fundado por los misioneros, como todas las casas, aldeas y lugarcillos de la cuenca del Amazonas. Hasta el año 1817, los indios iquitos, que formaron por un momento su única población, estaban retirados en el interior de la provincia…”

Acá otras referencias sobre al Iquitos de entonces

“La aldea de Iquitos se hallaba situada cerca de la orilla izquierda del Amazonas, poco más o menos sobre el meridiano 74º, en la parte del gran río, que aún lleva el nombre de Marañón…”

“En Iquitos la vida era realmente muy rudimentaria, tanto como en la mayor parte de las pequeñas aldeas del Alto Amazonas… Allí, sobre un recodo del río, en la confluencia del Nanay, con un ancho de quinientos pies”

La Jangada, además, es un libro que retrata de modo detallista, preciso e intenso varios aspectos de la realidad de fauna y flora, pero también sus relaciones humanas, sus dilemas y sus esperanzas. Sin ser una novela histórica (por ende, desprovista del rigor en la certeza de muchos de los datos que se muestran en la obra), demuestran el enciclopédico conocimiento de Verne sobre la Amazonía, además de los referentes, vinculados con viajeros y cronistas como Orellana, La Condamine o Poeppig.

Las 800 leguas de viaje por el Amazonas parten de lo que en aquel entonces se consideraba era la extensión total del gran río-mar.  Si tomamos en cuenta que cada legua mide 5 kilómetros, y la actual extensión que se tiene es de más de 7 mil kilómetros, evidentemente hay un gran trecho. La explicación puede encontrarse en el hecho que Verne  puntualiza que el punto de nacimiento del río Amazonas es la Laguna de Lauricocha. En verdad, allí nace el río Marañón, que es uno de los principales afluentes del Amazonas.

A pesar de que se encuentra un marcado sesgo católico y de superioridad occidental (sobre todo en la visión paternalista y de inferioridad hacia los indígenas, resabio de la época), como en toda novela romántica, en La Jangada destacan algunos valores propios del género: las aventuras, la revaloración de la libertad, el sentimiento de justicia, pero al mismo tiempo un marcado sentimiento de integración a través de un vasto espacio vital y apasionante.

Más allá de su trepidante acción, o de las oscuras e intrincadas peripecias que tienen que sortear los protagonistas, la novela  fluye con una naturalidad impresionante, sin perder su carácter didáctico. La Jangada termina consolidándose como un documento de ficción que ayuda a sintonizar y enmarcar a la selva en un contexto específico. No hay duda que en este libro fundamental de Verne el gran personaje es la Amazonía, tal cual.

(Versión extendida de artículo publicado en el Suplemento Dominical del diario El Comercio)

(Visited 31 times, 1 visits today)