CURÁNDOSE EN SALUD

Javier Vásquez

La palabra lunar viene de la palabra luna, con el sufijo “ar” que quiere decir “relativo a”, porque se creía que estas lesiones se producían por su influjo. Se producen cuando los melanocitos, células productoras del pigmento de la piel, crecen en grupos. Casi todas las personas los tenemos y suelen desaparecer cuando envejecemos.

Los lunares suelen ser rosados, morenos o marrones; planos o elevados y no son mayores, generalmente, de 6 mm. Una de cada diez personas puede presentar un lunar diferente llamado médicamente displásico y son estos los que tienen posibilidad de transformarse en melanoma que es un cáncer de piel común.

Bajo estas apreciaciones el lunar se clasifica como un tumor benigno, por lo que cursan sin causar ningún daño al organismo. Normalmente no se tratan, pero se recomienda su extirpación bajo las siguientes consideraciones: cuando están en zonas muy expuestas o de roce, cuando superan los 6 mm, tienen bordes irregulares o cambian de color.

Se recomienda a las personas que los presentan evitar la exposición a la luz solar, por la presencia de los rayos ultravioletas.

Hay que diferenciarlo de la peca que es una mancha pequeña, marrón claro, que aparece en las zonas de la piel expuestas al sol como cara, espalda, hombros y brazos. También son conocidas con el nombre de efélides. La predisposición a tenerlas es genética y son personas más sensibles a quemaduras solares y desarrollar cáncer de piel.

Dentro de los tipos de cáncer de piel el melanoma es el más peligroso y puede extenderse a otros órganos y se desarrollan a partir de los lunares oscuros.

El carcinoma de células basales aparece cuando hay lesiones cutáneas que demoran en cicatrizar, siendo muy resistentes al tratamiento. Otra variedad es el carcinoma de células escamosas asemejando verrugas que se descaman. Hay más pero son raros y no es el propósito del artículo exponerlos todos.

La prevención para el desarrollo de cáncer de piel es básicamente evitar la exposición al sol en sus horas de máxima intensidad, que se presenta entre las 10 y las 14 horas. Importa también la protección con filtros solares aplicándose media hora antes de exponerse al sol y utilizando la cantidad necesaria para que cubra toda la piel expuesta.

Hay que protegerse con ropa las zonas más expuestas, en nuestra ciudad lo recomendable es usar camisas manga larga en el día. Hay que evitar las quemaduras solares que se pre4sentan sobre todo cuando uno va a la palaya o la piscina por muchas horas.

Ahora bien, se debería acudir al dermatólogo una vez al año para controlar las pecas, manchas y lunares como carácter preventivo, pero hacerlo inmediatamente si una mancha o cicatriz duele, supura o sangra o no cierra pasado dos semanas y la piel crece o cuando una peca o lunar cambia de color o apariencia.

En la casa podemos hacer mucho por nosotros: mirar en el espejo todo el cuerpo, inclusive los genitales. Si encontramos una lesión que nos llame la atención acudir inmediatamente al dermatólogo que tiene los conocimientos y el instrumental necesarios para realizar el diagnóstico: puede hacer el mapa completo de nuestros lunares, con ello podemos comparar, con el paso del tiempo si crecen o no. Si encuentra una lesión sospecha pasa a realizar la biopsia que nos dará el diagnóstico definitivo. Y como dijimos anteriormente se puede pasar a la excéresis del tumor y de ser necesario a la quimioterapia y radioterapia.

Lo principal es que nosotros debemos ser cuidadosos con nosotros mismos. Querernos lo suficiente para revisarnos periódicamente. A veces en esta cosa tan simple está el futuro de una bella vida.