Las alucinaciones

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En un lugar de la sierra de Guadarrama releí la novela de Jorge Nájar “El alucinado”. Jorge es un poeta amazónico laureado por su buena poesía, que por estos tiempos líquidos pergeña historias noveladas- a ratos il romanzo se inundaba del brillo de su prosa poética. Primeramente una cuestión cartográfica, pues es importante indicar que la literatura amazónica ha ampliado sus márgenes desde hace un buen tiempo. No solo está circunscrita en el territorio de la floresta, ha ensanchado sus fronteras. Los personajes con halo de la ciénaga ambulan por otros mundos muy lejanos (el período del caucho está como un recuerdo/memoria está casi siempre presente, no se puede entender la literatura della foresta sin detenerse en esos tiempos tan magros para los habitantes de la floresta). La literatura transfronteriza (transterritorialización), como algunos la llaman, ha llegado, desde hace rato, para quedarse. Ya no está bajo las reglas del viejo canon del personaje que husmea en el bosque troquelando estampas costumbristas o que dé cuenta de sus encuentros con animales fantasmagóricos. No. Es un amazónico o amazónica que hurga otros territorios, que no necesariamente son del marjal, cargando en la mochila sus dudas o razones existenciales. Esa es la literatura en que está inmersa a novela apostillada de Jorge Nájar. Una primera parada es el título de la novela que será la impronta de la obra. La RAE señala el significado de alucinado como la persona trastornada, ida, sin razón. O también como un visionario. Entre esos dos significados transita la novela que tiene muchas lecturas, ensayo una de ellas: la única manera de entender la realidad es a través de la alucinación -la alucinación cuestiona o pincha la idolatrada razón en el mismo corazón de la tierra de Descartes, del racionalismo; aunque para los y las amazónicos las alucinaciones son parte de nuestra cultura bosquesina con la ayahuasca. A través de las alucinaciones entendemos mejor este caótico mundo, nos ordena el universo y sus significados. Todo empieza cuando un grupo de exaltados de extrema derecha arroja al río Sena a una persona con la cara pintada. En esos océanos de las alucinaciones Pedro Toledano, el personaje central de la novela, transita desde su infancia del río Ucayali hasta el río de la iluminación – en los territorios de la India. El personaje atraviesa una transformación pendular que va desde una salvación colectiva/revolucionaria de cambiar el mundo (en su paso por Perú por el grupo Núcleo invisible, su amor por Judith en Lima y París) por el de una salvación más individual como el recorrer la India a la vera del río. Toda la novela está aliñada con motivos de la floresta (la misma alucinación lo es), como el pintarse la cara como un indígena selvático y recorrer las calles de Paris, en un acto de rebeldía y de remarcar su identidad. O el de la presencia del río, ya sea en París con el Sena o en el Ganges, el río es de gran evocación de los montes de su infancia (“Al tiempo que recorría estas orillas, su imaginación entraba y salía de las aguas del Ganges, para hundirse en el Sena y salir a flote en las del Amazonas en pos de cierto orden y armonía al desbarajuste de su vida…” p. 56). Curiosamente, a pesar que la historia se cuenta con la técnica del raccontto, el personaje central refunfuña sobre la memoria (por ejemplo, “el recuerdo siempre es un asco” p. 64), sin embargo, también en esos recuerdos está su salvación y sanación. La misma RAE señala que entre los significados de alucinar está el de seducir. En este sentido, la novela de Jorge Nájar nos seduce para dejarnos encandilar por esta historia llena de fulgor.

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