La multa salvadora

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Los 4 municipios maynenses,  unidos diariamente en nombre del progreso, en aras del desarrollo vertiginoso, en alabanza de la buena vecindad,  cierran sus cajas con inauditas ganancias nunca antes vistas ni oídas ni sentidas. Sucede que cada individuo que toque por las puras el pito, la chicharra o el claxon paga la friolera de 250 soles oro. El pago es de inmediato, en primera y sin segunda como en el vals, evitando que el multado acumule una deuda que nunca pagará, como si se tratara de una burla.

La saludable ordenanza edil es tan drástica que los que más pagan son los policías que, silbato en boca como si fueran árbitros autoritarios, soplan y soplan y soplan. También sufren graves y grandes multas las ambulancias que corren haciendo sonar alarmas que asustan al pobre mortal que sufre alguna dolencia. Los autos de los bomberos pagan el doble de multas debido a que su función principal es apagar incendios y no provocar dolores de oído.

La multa contra ese tipo de ruido es una mina provechosa, un ingreso millonario y las obras inundan a los 4 municipios que tienen cuentas en varios bancos. Los expertos consistoriales estudian otros rubros donde hay abusos y excesos, para aplicarle su correspondiente multa, generando así más ingresos ediles. A ese paso de ganancia, Iquitos, las demás ciudades de la fronda peruana y hasta los modestos caseríos, pronto se convertirán en polos de dinero bien habido.

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