La estafa de la tombola

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En la ciudad del reinado del Dios del amor, a los aguajes, las salsas, y los jugosos contratos con contratistas de última hora,  hasta las tómbolas son una zancadilla. Hasta la diversión placera puede servir para la pendejada cívica. El 20 de agosto de 1954, se realizó una concurrida tómbola en la plaza 28 de Julio. No era una tómbola cualquiera. Era una tómbola que iba a servir para construir un leprosorio en la ciudad de Iquitos. La Razón  de ese tiempo no dice San Pablo como sede del local para atender a los atacados por el mal de Hansen. No sabemos cuánto se recaudó con ese cuento ni quien se chumó el billete.

En ese instante tombolero el terreno para el leprosorio ya había existía y estaba por Punchana. Pero surgió una entretela con unos alemanes avecindados que se apellidaban Strasberger,  o algo parecido,  y ni el mismo general Manual Apolinario Odría pudo con todo su poder con cachiporra y bala,  pese a que ordenó a las autoridades locales que se apresuraran en levantar el leprosorio. Que sepamos nunca se levantó tal local, pero la temida lepra hizo su agosto y su diciembre y se tuvo que hacer el leprosorio en San Pablo. En otras partes, la vida parece  una tómbola. Por acanga, la vida no es ni eso. Y hasta  las tómbolas pueden pervertirse.

 

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