La ciudad perdida (4)

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La biblioteca errante y ausente

Boceto Miguel Donayre Vásquez
Boceto Miguel Donayre Vásquez

Bocetos a lápiz de Miguel Donayre Vásquez

“Con mucha pena, una y otra vez los maltratos a nuestra Biblioteca Maynas, traslado tras traslado, se maltratan los libros, tesis, sillas, vitrinas, etc. Hasta cuando, sigue el problema que no pagan el agua y luz a tiempo. Hoy amanecimos con la luz cortada, y como siempre l@s regidores, ni enterados (…) Deberían preocuparse también por la desgracia que se encuentra los espacios de esta biblioteca y sus enseres, antes que los multe la Sunafil o la Asociación de Bibliotecarios. Preocupen se señor@s regidores por nuestra biblioteca, señor@s funcionarios…”

Jhonny Perez Montilla

La sociedad democrática es hija del libro

José Ortega y Gasset

Es triste decirlo, pero en Isla Grande la memoria es corta y este OLYMPUS DIGITAL CAMERAmal se agudiza. Se ha perdido la capacidad crítica por las omisiones de las autoridades y la pasividad de la población. Una muestra de ello, del estado de la memoria, de la imaginación, del buen ocio, es la situación en que se encuentran las bibliotecas municipales en ese lado de la floresta de Perú. Recordar que el implementar las bibliotecas es la plasmación del derecho a la educación, que es un derecho fundamental que toda autoridad debe cumplirla y la ciudadanía puede exigirla. Aprovechando que iba a Nauta llevé un par de novelas para regalar a la biblioteca de esa ciudad. Para la donación tuve que hacer una vía crucis surrealista. Me mandaban de una dependencia a otra sin ningún sentido, y eso que quería donar esos benditos libros. Hay que tener férrea voluntad y no bajar los brazos para conseguir el objetivo – hay que ser terco y no cejar en la misión. Tuve que tomar un motocarro, atravesar un puente largo de madera y llegar a la biblioteca que está lejos del centro histórico de la ciudad ¿? Como diciendo a los lectores y lectoras, vayan a tomar por saco si quieren leer. Me dicen que es una constante (casi un axioma) en la floresta que las autoridades de turno no saben qué hacer con las bibliotecas y las mudan de un lado a otro sin saber porqué- creo que en el fondo lo hacen por maldad, no quieren que la gente lea – como nos recuerda el epígrafe de esta crónica con el reproche público de un funcionario a las autoridades. Los concejales tienen un descalzaperros descomunal y por eso mandan como solución a deambular de un lugar a otro de la ciudad a la biblioteca. He tenido varios amigos concejales en este municipio- uno de ellos fue alcalde, pero veo que la biblioteca les importaba un pepino a ellos también, es muyUno de los tantos lugares donde estuvo de inquilina La Biblioteca Municipal triste. Esta misma situación me pasó con la municipalidad de Isla Grande, que no es la de Iquitos que cuenta, la de Iquitos con una biblioteca ejemplar y ecosostenible, con un sistema de préstamos de libros realmente sorprendente. Llamé a amigos para que me dijeran donde quedaba la biblioteca de la ínsula, me indicaron que está por la sede de la Alianza Francesa. Al entrar y decir a las personas que trabajaban en esa dependencia que quería donar unos libros me miraban perplejos, dubitativos y sin saber qué hacer, no sé si por la sorpresa o por qué. Recordar que esta biblioteca también ha rotado por muchas sedes y ya sabemos los desaguisados que traen las mudanzas. Pero en esa sede de la biblioteca en vez de contar con una zona adecuada para la lectura te topas con una realidad que te golpea la cara. Es un lugar para leer estrecho, inadecuado, con poca luz, se escucha la bulla del infalible motocarro. Me preguntaba ¿Por qué si la alcaldesa de Isla Grande, que es arquitecta, no presupuesta una biblioteca ecosostenible (más si estamos en el trópico) y cumple así con el derecho fundamental a la educación?, ¿será mucho pedir? Hay OLYMPUS DIGITAL CAMERAese lugar, pusiera a leer cinco minutos a las autoridades y concejales de la ínsula, seguro que no aguantarían ni sesenta segundos. Me dijeron que en los distritos de Belén y en el de San Juan no cuentan con una biblioteca, así de simple y me ahorre esa escabrosa romería de la desilusión, hay que dosificar las fuerzas ante tremenda decepción. Espoleándome para no caer en la depresión me enrumbé a la del distrito de Punchana, lugar donde pasé mi infancia y parte de mi adolescencia. Luego de hacer las debidas averiguaciones, que me facilitaron unos amigos periodistas, fui hasta el mercado de Punchana ¿? Recuerdo que a Borges el poder político le defenestró a un mercado de aves, los concejales de Punchana no andaban mal en ese sentido. Ahí, en ese municipio, me cayó otra sorpresa o pienso que será una raya más al tigre. Desde hace unos años, ¿pueden ser ocho años?, no hay biblioteca. No existe. Cruel realidad. Cogí los libros y media vuelta a casa, con un mal sabor de boca. Ahora, con todo este peregrinaje, se puede entender porqué en Isla Grande y otros lugares de este archipiélago – algunos le llaman de sierpes, ocupen uno de los últimos lugares en lectura en el país. No hay amor al buen ocio, a la lectura, al libro. Hay que contener las lágrimas para no llorar ¿Así podemos amar a la isla?

P.D. En este sueño o pesadilla borgiana acompaño el boceto (urgí a mi sobrino hacerlo lo más rápido que pudiera) de una posible biblioteca en la floresta. Sí, lo sé, es una quimera tropical pero en el estanque hay que persistir hasta que croan las ranas, decía una amiga.

 

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