La ambición en silla de ruedas

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La ambición en silla de ruedas 

La imagen de un hombre acomodado en una silla de ruedas, comandando desde allí los destinos de una  casa consistorial,  es patética. Es una visión bananera, subdesarrollada. Es el pequeño poder absolutamente tropicalizado y poblado de lo grotesco. Y, sin embargo, aunque parezca fábula urdida por algún  satírico,   sus ambiciosos asesores, partidarios, secuaces y servidores, anhelan tenerlo en esas condiciones disminuidas a don Charles Zevallos como mandamás edil. Su estado de salud, sus condiciones físicas y mentales no cuentan. No importa exponerlo a cualquier desagradable contingencia con tal de seguir disfrutando de la ubre consistorial.  ¿Cómo entender de otra manera ese descarado manoseo de un hombre afectado por un desdichado accidente volador?

El poder es afrodisiaco, decía don Henry Kissinger. Nos parece que el hombre fuerte de don Richard Nixon se quedó corto con esa festiva y hasta erótica denominación. Porque en este caso, en el del Municipio de Maynas, es un vicio compulsivo, una adicción dominante como la pasta básica. La comparación es grosera pero nada errada. Ignoramos cómo podría realizar una sola jornada de trabajo normal un hombre que no puede manejar el lado derecho del cuerpo, cuya voz es otra y que tiene que andar siempre en silla de ruedas pues no puede con su cuerpo maltratado.

La ambición de los partidarios de Charles Zevallos anda, pues, en silla de ruedas. Anda mal y tiene vuelo corto, vuelo de plumífera. En ese vehículo de impedido, esa ambición de seguir en lo mismo, disfrutando de lo que el pequeño poder provinciano otorga, puede desplazarse, por supuesto. Ir de un  lado a otro, desde luego. Pero no puede ir muy lejos, ni a la esquina. No entender eso es síntoma de una preocupante ceguera o un cinismo que no vacila en desbordar las fronteras del ridículo.

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1 Comentario

  1. Señor Charles Primero es tu salud despues viene el trabajo o la ambicion del poder, curate pero ya no regresses al municipio, porque con y sin ti las calles estan sucias peor que el terremeto japones.

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