Humor bahiano

Humor bahiano

175
0
Compartir

Antes de salir de viaje para Bahía leía sobre esta ciudad del litoral brasileño de la mano del más ilustre bahiano como es Jorge Amado. Amado recorre el pasado y el presente de Bahía acompañado de esa prosa zumbona, fresca sobre su ciudad. También la lectura la aliñaba con las novelas de “Doña Flor y sus dos maridos” y “Gabriela, clavo y canela”, del mismo autor. En ambas historias tenía como referencia a la actriz Sonia Braga, en ambas ella era la prota. De “Doña Flor y sus maridos” había visto la película y había quedado encantado con el ambiente de Pelourinho (allí en ese lugar ejecutaban a los esclavos negros), de la mistura entre la religión negra de los orixa y la religión católica – es sincretismo tan alabado como cuestionado. Así con esas historias caminaba por la ribera de río Vermelho como si hubiera estado antes. Aunque nunca logré ver el río de aguas rojas pero sí uno verde y de aguas que parecían estancadas. Con esa información me sumergí a recorrer las calles de Río Vermelho, Pelourinho entre otras. Es más cuando leo algo en portugués evoco mis días en Bahía y la risa de mi amigo Óscar. Al lado del hotel había un local donde los fines de semana celebraban fiestas que parecían interminables y muy de mañana hombres y mujeres caminaban por el paseo marítimo desde muy temprano. Del libro de Amado recuerdo un incidente que narraba que me hacía mucha gracia (seguro que la historia estaba envuelta en capas de la ironía y del gracejo bahiano). Señalaba que a la ciudad de San Salvador de Todos los Santos, Bahía, había llegado un ciudadano francés que entre sus pergaminos contaba que se había curtido y bebido en los antros de París más avezados y, sobre todo, salió muy airoso de esos bacanales. Ante esas medallas andaba muy airoso por esas calles costeras. Al llegar al puerto había escuchado de un antro de gran fama por las cosas que ocurrían allí ¿qué cosas ocurrían? Dejo para la imaginación de los lectores o lectoras. Seguro que el Marqués de Sade era un triste aprendiz, era el rumor. Se animó el galo, con lo que he visto en París tengo el listón muy alto, rezongó con cierta altivez eurocéntrica (para algunos muy francesa, el que todo lo sabe y nada lo ignora). Un día con unos amigos se fueron al garito tan citado. Según cuenta Amado el ciudadano francés salió por piernas al no poder estar más de una hora. Casi asustado y temblando ¿qué cosas vivió allí? Lo que observó y vivió eran cosas que jamás en su alocada vida había vivido. Historias de Bahía.

https://notasdenavegacion.wordpress.com/

 

(Visited 29 times, 1 visits today)

Deja un comentario