Hojas de otoño

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Casi de un día para otro arremetió, con todas sus fuerzas,  el otoño en esta parte de la península. Los termómetros se desplomaron. Aunque este cambio brusco de tiempo el cuerpo también lo pedía. Se puede advertir de la llegada de esta estación en los árboles que lucen hojas amarillo- naranjas, el aire frío y con viento, poco a poco, se apodera y toma posesión de las calles, paseos y plazas. Hasta las comidas mutan. De las ensaladas de verano ahora buscas comida caliente o un buen caldo, siempre me viene a la memoria los caldos de la abuela Natividad en los inviernos de Lima o los de mi madre en cualquier estación, los de mi madre tiene impronta propia, los reconocería con los ojos cerrados. Esos platos me reaniman el cuerpo aterido. El aire frío y los caldos calientes son los mejores compañeros para estos días. La calefacción a dónde vas es otro síntoma, a igual, que la vestimenta, salen los gorros, fulares y abrigos. En la terraza hemos colgado un termómetro y cada vez que levanto la persiana suelo mirar cuanto marca el registro del tiempo. Siempre miro la temperatura del día, ¿es igual a la de mi cuerpo? Muchas veces difieren a igual que los ánimos. El otro día el azar y las circunstancias nos iban haciendo jugarretas: noticias inesperadas, situaciones sorprendentes, y me decía que de acuerdo a la temperatura del día y de mi cuerpo no preveían estas situaciones extraordinarias ¿soy un mal previsor o agorero del tiempo?, ¿no pude anticiparme a esos momentos? Lo increíble de todo esto es que muchas de esos nubarrones y tormentas venían de muy atrás y descargaban sin piedad, pero ¿Cómo diablos desembarcan en este día inesperado? Son tiempos de otoño, el paisaje y los tiempos cambian, para nuestra tranquilidad.

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