Historias del palustre, La jangada

Historias del palustre, La jangada

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¿Se puede escribir sobre la floresta sin pisarla?, ¿podemos escribir sobre París con solo imaginarlo, con buena información y con mapas en la mesa?, ¿El marqués de Sade vivió todas esas experiencias sadomasoquistas que nos contaba?, ¿acaso el sibarita marqués no imaginaba esos bacanales? Es posible, todo es posible en la patria de la fantasía. El sabio de Estagira, Aristóteles, decía que en la ficción el principio reinante es la verosimilitud. Si alguien osa alejarse de ella pierde y la escritura es fallida. Hace aguas, no se hace creíble para la comunidad lectora. Esto es lo que me pasó al leer la novela de Julio Verne “La jangada” (escrita en 1881, en plena fiebre cauchera), según lo leído y a pesar del afán viajero de Verne este nunca pisó la floresta ¿su novela aún así es creíble?  Es una de las maneras de acercarse a la floresta, a veces creo, hasta con una mochila con menos prejuicios de aquellos peregrinos que la visitan. Un libro lleno de prejuicios tóxicos es “El río de la desolación”, es un amasijo de tópicos que poco ayudan aunque es de mérito reconocerle que es uno de los primeros en reprochar públicamente, a los escritores y escritoras peruanas, que no hayan escrito sobre el sangriento período cauchero. Para suplir ese alejamiento con el lugar, Verne sabiamente apela al criterio de autoridad. Está respaldado por la bibliografía científica que leyó antes de embarcarse en esta aventura literaria. Uno de los rumores es que en París había un cauchero peruano que frecuentaba las tertulias parisinas y conoció allí a Verne, e inclusive le contó estas historias del palustre. Estas encandilaron a Verne quien terminó escribiendo sobre ella. Recuerdo que cuando Vargas Llosa escribía “La guerra del fin del mundo” cuenta que él hizo la ruta donde ocurrió la batalla de Canudos, necesitaba ver, oír, oler lo que sucedía en esos pasos. Precisaba contrastar el mundo del gabinete con la realidad, en ese afán de buscar la verosimilitud para frenar cualquier posibilidad que un lector cercano a ese lugar le pudiera afear por un mal dato. Recordemos que Mario Vargas es un escritor descomunalmente realista. Mientras que Verne encarna a la otra vertiente de escritores, es un escritor de ciencia ficción. Y eso se puede ver a lo largo de la novela donde metaboliza el dato científico para contar una historia.

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