Good bye Roth

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Philip Roth es el autor contemporáneo norteamericano de origen judío que nos ha regalado hermosos libros que pertenecen a su bibliografía pero en realidad son su biografía. Combina las experiencias personales con un lenguaje comprensible para todo público y sus cerca de 30 libros han merecido la crítica benévola de los entendidos y, sobretodo, la decisión de los ciudadanos del mundo de adquirir lo que ha escrito. Sus lectores esperábamos otras obras más. Pero en su última aparición en una entrevista con la BBC aseguró que dejará de escribir y ya no realizará apariciones públicas. Qué pena. Casi algo parecido a lo que hizo Gabo. Se desconoce si esta decisión se deba a problemas de salud o cuestiones temperamentales.

El documental que lo ha mostrará en la BBC tiene dos partes y ha sido filmado en su ciudad natal de Newark, Nueva Jersey. “Esta es mi última aparición en televisión, absolutamente mi última aparición en escena en cualquier lugar”, confesó Roth al presentador Alan Yentob, según el avance.

En verdad aquel autor que ganó el Premio Pulitzer en 1998 ya hizo este anuncio hace 18 meses después de indicar a una revista francesa que su libro número 31, “Nemesis”, sobre una epidemia de polio ficticia en 1944, publicada el 2010, sería su última obra. Como todo ser humano, lleno de contradicciones, consultado por Yentob acerca de una declaración realizada en 2004 de que no podría vivir sin escribir, Roth respondió: “Estaba equivocado. He llegado al final. No hay nada más que escribir para mí. He fijado la enorme tarea de hacer nada. He pasado momentos muy buenos en los últimos tres o cuatro años”.

Roth recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y es uno de los escritores estadounidenses más premiados y sus novelas exploran la vida judío-estadounidense moderna. Como no sucede con mucha frecuencia, este autor tiene en su personaje semi-autobiográfico y poco confiable álter ego como Nathan Zuckerman y llamó la atención del mundo tan solo a los 28 años luego de ganar el Premio Nacional de Ficción de Estados Unidos por su novela “Goodbye, Columbus”, de 1959.

Es una pena que un autor de la calidad de Roth anuncie su retiro de las letras y diga que no tiene nada qué decir. Puede que sea verdad o mentira. Pero queda como consuelo que sus obras se han inmortalizado e internacionalizado. Solo queda que le otorguen el Premio Nobel. Pero como sabemos los lationamericanos ese galardón fue negado a un escritor como el argentino Jorge Luis Borges que no solo tuvieron una vida dedicada a la escritura sino a la vocación total. Pero, claro, treinta libros a los 81 años es una producción que cualquiera envidiaría no sólo por la construcción idiomática sino por la forma en que este escritor vivió o, mejor dicho, vive. Habrá que seguir el destino de Roth, después de este anuncio. Pues, como ya nos tienen acostumbrados los maestros, pueden terminar haciendo lo que no dijeron o viceversa.

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