En todas partes se cuecen mentiras

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ESCRIBE: Jaime Vásquez Valcárcel

El Papa Benedicto habla entre líneas en la misa dominical de Ramos sobre los  pederastas y los pedófilos de todo el mundo gritarán ¡alabado, seas Benedicto!. El presidente de El Salvador confiesa -¡luego de 30 largos y olvidados años!- que los comandos de derecha fueron los que asesinaron a Monseñor Arnulfo Romero y que provocaron una balacera de los mil demonios nada menos que en una parroquia donde el buscador de justicia oficiaba una misa moderada en un país que exige revolución. Ricky Martín acorralado por la incógnita no encuentra otra mejor manera de confesarnos que es homosexual a través de su cuenta Twiter y los diarios rebotan la noticia y varios remitentes envían cartas implorando que los medios electrónicos traten temas más importantes a lo que ellos mismos llaman “la salida del armario”. Cintya Vanesa Grefa es una jovencita de más de dos décadas de nacida que tuvo que ser atendida de emergencia en Iquitos porque la gestación amenazaba su vida y algunos llaman aborto a lo que no tiene nada de eso mientras que la familia está agradecida con el médico. El presidente del Directorio de Sedaloreto, José Escobar, hombre de pocas palabras, en verdad, pero que mejor quedaría callándose. Este José nada bíblico ha dicho que la gente no tiene capacidad para cuidar el agua potable que la empresa SEDALORETO mal distribuye en todo Iquitos, especialmente en Punchana.

Y como si todo este recuento fuera poco ya nos hablan de la Semana Santa donde la nada santa Iglesia Católica intenta tener el protagonismo ante la fe de los infieles que, como sabemos y comprendemos, son más devotos de los preservativos que de los avemarías, sin pecados concebidas. “Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado. El Evangelio me impulsa a hacerlo y en su nombre estoy dispuesto a ir a los tribunales, a la cárcel y a la muerte”. Sin ir a la cárcel ni a los tribunales Monseñor Romero encontró la muerte y los más de 70 mil salvadoreños que lo despidieron en el funeral buscaron mejor suerte fuera de las iglesias y han pasado 30 años para que el gobierno pida perdón. Y de qué sirve el perdón cuando las cosas jamás volverán al estado que tenían antes de ese crimen. Y jamás olvidaremos al Papa Juan Pablo (hablo del segundo, porque el primero tuvo parecida suerte al de Monseñor Romero, sólo con métodos distintos) tratando de humillar a Ernesto Cardenal al ningunearle en una ceremonia pública a quien sólo quería reconocer la investidura de un ser humano que se creía divino.

Y en medio de amenazas de aborto y escándalos periféricos creo escuchar la voz de José Escobar insultando al pueblo que debe respetar porque con nuestros recibos le pagamos las dietas que le mantienen en buen estado. Y, claro, le tenemos que escuchar callados porque nadie se atreve a mandarle a la puta –con todo el respeto por la santa iglesia católica y la comunión de los santos, ¿habrán escuchado esta frase quienes alguna vez acudieron a misa?- a una persona que nunca debió sentarse en un sillón que le queda grande. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos ante los asesinatos confesados a destiempo o los pedidos de perdón por pedófilos que siguen en siguen en los templos? ¿O debemos escuchar a Arjona y reirnos y llorar un poco junto a él? Mejor esperamos al reemplazo de Monseñor Julián García para ver si por esta Selva aparece algún salvador de una Iglesia que ha cometido más atrocidades que varios carteles colombianos y mexicanos. ¿O me equivoco, brother Mauricio, o me equivoco?

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