En medio de las inundaciones

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En medio de las inundaciones

Los amazónicos hemos convivido ancestralmente con la creciente. Nos hemos acostumbrado (mal o bien, según lo que vemos), usualmente nos preparamos para manejar sus embates. Es decir, por angas o por mangas, este fenómeno de la naturaleza no nos toma por sorpresa.

Lo que sorprende de este año no es el hecho, sino la magnitud e intensidad. El miércoles 04, en la víspera de Semana Santa, el Senamhi nos confirmó que el caudal del río Amazonas había rebasado su récord histórico de 1986, superando ya en más de diez centímetros su nivel máximo.

Sin duda, estamos ante la más grave inundación que ha afectado a Iquitos en los últimos tiempos.

Son más de cien mil personas las afectadas hasta el momento por las inundaciones de este año. Solo en Loreto,  una treintena de centros de salud han sido inutilizados. Casi 4 mil son los refugiados que se habían contabilizado durante los feriados y más de 28 mil niños en edad escolar quienes tendrán que alterar en mayor o menor medida sus clases.

Las fotografías aéreas de Iquitos muestran la fuerza de la naturaleza rebasando algunos de los más importantes accesos de la periferia. Es increíble ver, por ejemplo, en pleno centro iquiteño, las carpas de Defensa Civil donde los perjudicados por el desborde de los ríos han tenido que habitar precariamente.

Como siempre, una vez más, fallamos en la planificación. Recién el gobierno central  decretó el estado de emergencia en la región el pasado fin de semana. El presidente Humala y parte de su equipo de gobierno estuvo el viernes visitando algunas de las zonas devastadas, entregando parte de la ayuda humanitaria. Sin embargo,  algunos problemas de planificación han generado ya enfrentamientos debido a la invasión de terrenos del Estado por pobladores desesperados.

El gobierno regional ha señalado que son urgentes y necesarios los canales de ayuda pertinentes. Su pedido de 500 baños portátiles para mitigar el colapso de desagües es dramático.  Sin embargo, parece que también, como el año pasado con el dengue, nos hemos dormido en la contención.

Por ejemplo, una de las cosas más claras es la necesidad real y evidente de una reubicación de las poblaciones que habitan en condiciones realmente complicadas y precarias en  riberas de los ríos de la periferia. Hay un tema de calidad de vida que se está perdiendo debido a esta situación. La autoridad debería empezar a crear la conciencia en la gente que seguir viviendo en dichos espacios no solo arriesga su propia existencia, sino también plantea controversias en la propia idea de contención y control urbanístico de ciudades como Iquitos.

Además, no podemos siempre estar esperando que el gobierno central tenga siempre que actuar vía decreto para que pongamos atención  a los problemas colectivos. Las facultades y las partidas de prevención existen precisamente para usarlas cuando ocurren estas contingencias (y vaya que ocurren a menudo). Los sectores que conocen de cerca estos problemas saben que esto podía pasar. Ha pasado, sí, de modo mayor al que se esperaba (con virulencia). Cabeza fría y actitud se necesita en estas circunstancias.

Ahora, nos hemos dedicado a asombrarnos y a mitigar el sufrimiento con solidaridad y generosidad, siempre bienvenida y necesaria. Además, como nunca, la prensa se ha hecho eco de una serie de pedidos en la población. Las imágenes han sido bastante elocuentes como para armar ya un catálogo de situaciones que no deben repetirse.  Deberíamos tenerlo muy en cuenta, no solo para actuar ahora, sino para tenerlo muy en cuenta en el futuro. Porque, nos guste o no, el río volverá a bajar y – evidentemente – a subir.

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