El viajero contra la ley

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El viajero contra la ley  

El señor Charles Zevallos no tiene pierde en sus itinerarios abundantes. Vuela como ejecutivo de otros ámbitos, otros espacios, y no como simple alcalde de un municipio caótico. Viaja más que los aviones y ni bien arribó de Loja, donde no hay nada interesante salvo sus zoológicos, perdió la noción de la mesura y soltó su lengua contra el religioso que tiene un puesto en el directorio de la Caja Maynas. Conocemos que el burgomaestre, aparte de gran besador público, es impulsivo, vehemente, entrador. Eso está bien, suponemos, para una campaña electoral. Pero no para gobernar edilicamente una ciudad como la nuestra donde el encono hierve por todas partes.  

El tiempo que el flamante alcalde pasa en los aeropuertos, los aviones, los hoteles, las ceremonias oficiales, debe ser absoluto. Lo que le quita tiempo para informarse mejor sobre los hechos que ocurren en su gestión. De otro modo no hubiera dicho que los religiosos deberían estar rezando en vez de tener un puesto oficial en la citada Caja. Sucede que hay en el Perú una ley que faculta a los religiosos a tener un asiento en el Directorio de cualquier caja edil del país. Una ley es una ley. Y don Charles Zevallos, con los rezagos de su último vuelo, los sabores de los banquetes ingeridos, se manda contra esa ley. Nada menos.

Pero nada más. El viajero de marras debería tener mejores asesores. Debería tener un mejor asesor en asuntos legales. Para que no vuelva a meter la pata, desconociendo el orden jurídico que nos rige, ignorando las leyes que están dadas desde hace tiempo. En todo caso, debería dejarse de cosas y renunciar a tantos viajes registrados en su agenda,   y sentarse a gobernar esta ciudad. Y soportar al  religioso en el Directorio de la Caja Municipal.

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