El negocio politiquero

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El negocio politiquero

Moisés Panduro Coral

No es nuevo lo que voy a decir. No es un secreto que la política -tal como la mayoría lo conoce- se ha vuelto un negocio de alta rentabilidad; un road show con marketing mediático que incluye besitos bucales, colores y símbolos que en otros tiempos hubieran parecido cursis, poses filantrópicas direccionadas a mostrar “lo buena gente” que es el candidato y que despiertan en el votante necesitado la expectativa de que si el candidato “hace eso con su plata”, cuando maneje el dinero público esa ayuda se incrementará; con ofertas de locura similares a las de las tiendas que sacan a remate la mercadería, trenes e hidroeléctricas en selva baja, centros de distribución para abaratar el gas de uso doméstico, un poco más y se ofrece techar los ríos para que no se mojen los navegantes. Eso sin contar los sorteos-mítines de premios fantásticos (vehículos, artefactos eléctricos, canastas, dinero en efectivo) y la diversión: mucho circo, fiesta, orquesta y trago en abundancia.

Vengo predicando contra esta mediocre concepción de la política durante muchos años, en este diario y en otros medios. Eso origina que los presupuestos del gobierno regional y de las municipalidades sean hipotecados por los siguientes años a los “inversionistas” electorales. He sido aplastado, electoralmente, por el negocio politiquero. Luché contra la sensación de que estaba haciendo el ridículo yendo a hablar directamente a la gente de mis propuestas de construcción del futuro regional (100 mil empleos, carretera Iquitos- Saramiriza e Iquitos- El Estrecho, banco de fomento regional con el 12% del canon petrolero, interconexión al sistema eléctrico nacional, educación creativa, nuclearización de poblaciones, aplicación a gran escala de la investigación tecnológica, entre otros) mientras era recibido con un desdeñoso ¿qué has traído para regalarme?, ¿qué me vas a dar a cambio de mi voto? o ¿cómo eres candidato sino tienes plata?.

Durante la campaña regional del 2010, un amigo me llamó un día aconsejándome que para la próxima hagamos “como hacen ellos” para obtener ingresos: vender los puestos de regidores y consejeros (un candidato a regidor distrital en cualquier lista “independiente” no baja de 20 mil soles cuando es el número 1), ir al constructor equis o al empresario zeta a solicitar un “financiamiento” a cambio de la entrega de obras o la adquisición de bienes y servicios en el gobierno, negociar el presupuesto regional y municipal por los próximos cuatro años, ofrecer cupos para sus allegados en las listas, y tantas formas más que hoy existen para financiar campañas. Yo le escuché frustrado y ante mi frialdad, colgó su celular. Unos días después, me volvió a llamar para disculparse y me juró que dijo eso porque se sentía ofuscado luego de escuchar la última encuesta, la que sale una semana antes del día de las elecciones y que nos colocaba debajo de la mitad de la tabla.

Yo también pensé en un momento tirar la toalla, como hacen los boxeadores cuando se sienten noqueados. No para vender mi conciencia, sino para insistir en la tarea de hacer una política decente y pedagógica. Era nuestro eslogan: “cambia la gente, cambia la historia”. Después de los resultados electorales, me reuní con un reducidísimo grupo de compañeros leales. No vamos a poder cambiar a la gente, los próximos cuatro años seguirá más de lo mismo. ¿Cómo vamos a ganar si frente a nuestra propuesta de cien mil empleos, otros ofrecen más asistencialismo, bingos, rifas, regalos, licor y baile; si yo sustento técnicamente la carretera Iquitos- Saramiriza, mientras otro muestra un tren recorriendo la selva y llegando a Yurimaguas; si cuando promovemos la interconexión al sistema eléctrico nacional, por allí nos salen con una hidroeléctrica en Mazán; si hablamos de un banco regional de fomento para gerenciar eficientemente la millonada del canon petrolero, mientras van repartiendo a diestra y siniestra créditos agrarios y pesqueros que no producen nada y que jamás se recuperan?.

¿Cómo vamos a enfrentar una campaña en la que en el mismo momento que nosotros juntábamos a las justas una chanchita para pagar la cuarta parte de los dos mil soles que costaban nuestros modestos afiches y volantes de un solo color, nos informan que están llegando dos aviones de carga charteados exclusivamente para traer los polos, baners, afiches, volantes, banderines, cintas, calcomanías a todo lujo del candidato a la reelección?. ¿Cómo aguardar una victoria si mientras se inunda la radio y la televisión con spots elaborados profesionalmente y con entrevistas por doquier a candidatos de los movimientos “independientes”, yo sólo tengo siete soles en mi bolsillo y me entrevistan y pasan mis spots un par de amigos de radio y televisión que me hacen la gauchada porque les caigo bien. Ya ni siquiera se trata de David contra varios Goliats. Esto es como enfrentar un ejército de unas cuantas escopetas, descalzo, desarrapado, con hambre y con sed a otros ejércitos bien papeados, dueños de aviones tripulados (¿entienden, no?), cómodamente uniformados y que disparan misiles nucleares de largo alcance, les dije en tono de reclamo a quienes, como mi gran amigo y compañero Edgar Valdivia, lanzaron mi candidatura interna.

¿Puedo hablar, secretario general? saltó una compañerita joven. Molestísima, con los párpados enrojecidos, y a punto de llorar, me dijo que ella ingresó al aprismo no para escucharme decir eso, sino para dar pelea a los politiqueros, incluso dentro de nuestro partido, que juegan con la buena fe del pueblo y después hacen escarnio de él; para reivindicar la forma de hacer política, porque le da asco saber cómo se llevan la plata los que entran a enriquecerse, los que hipócritamente proclaman su interés por la gente sólo porque eso les sirve para esconder su desmedida codicia y para adornar de multitudes sus discursos vacíos. Me quedé callado. ¿Tirar la toalla?. Ni lo pienses, compadre, me dijo con su mirada el profesor universitario que me hizo un jale para ir a votar el día de las elecciones donde obtuvimos apenas el tres por ciento. Se pronunciaron otros, más o menos en los mismos términos, y di por concluida la reunión de evaluación de la campaña electoral del 2010.

Y aquí me tienen. Sólo que ahora, por lo que veo, -ojalá no me equivoque-, hay cientos, miles,  tal vez, una mayoría que piensan igual que yo: hay que cambiar la gente para cambiar la historia.

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2 Comentarios

  1. MOISES LO PRIMERO QUE TIENES QUE HACER PARA CREER ALGUN CAMBIO ES QUE CAMBIES DE PARTIDO, PORQUE EL TUYO ES EL MAS CORRUPTO DE LAHISTORIA PERUANA CUIDADO CON LA LEPTOSPIROSIS…

  2. Estoy plenamente de acuerdo con lo que afirmas y puesto que tienes este espacio, sería bueno que escribas sobre el origen de esta forma de hacer política o campaña. Debes recordar que esto no había hasta que apareció el japonés. Esa es una de sus grandes herencias y nadie se alarma. Ojalá escribas sobre eso. A mí se me ocurre prohibir cualquier tipo de regalo en campaña, bajo responsabilidad. Es una lástima que la gente piense así y hable así ahora.

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