El fútbol nuestro

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El fútbol nuestro

Moisés Panduro Coral

En 1981 fui uno de los miles de peruanos felices por el triunfo de Perú frente a Uruguay. Eran los tiempos en que el cupo al mundial se definía por grupos, no como ahora, en un todos contra todos. Ganamos 2 a 1 en Montevideo y quedaba todavía un partido por jugarse pero ya todo estaba decidido: la selección peruana estaba clasificada para el mundial España 82. En casa de mis abuelos paternos se estrenaba televisor en blanco y negro, comprado a plazos por mi tía maestra. Y allí vi a los nuestros, triunfantes, y a Tim, el entrenador brasileño abrazando a los jugadores peruanos en el Centenario, mientras en las calles no cesaban de reventar los cuetones, de sonar las bocinas y de acrecentarse el jolgorio.

En ese mismo televisor, el siguiente domingo vi como Colombia y Uruguay jugaban el partido que faltaba. Jugaban por el honor, no por los puntos en disputa. Jugaban porque tenían que jugar, no por la clasificación porque ya había un clasificado, el cupo estaba ocupado por Perú. Jugaban ante las tribunas vacías de El Campín de Bogotá, allí solitos sin manos que aplaudieran sus jugadas, sin almas que vibraran con sus piques, sin gargantas que rugieran después de los himnos nacionales, sin ovaciones. De ese partido no sólo conservo en mi memoria las tribunas vacías, el estadio desolado, el mudo intercambio de banderines, sino la imagen de un jugador uruguayo de apellido León que corría incansable, que se entregaba con corazón al partido, que peleaba las pelotas como si estaría jugando la final de un mundial. Era el mismo que el domingo anterior ante Perú corrió toda la cancha, sudó a chorros su camiseta y lloró de impotencia al no poder revertir el marcador que los eliminaba. Esa tarde, Colombia y Uruguay quedaron empates y se retiraron en silencio.

Treinta años después, el balance es otro. El fútbol no es el mismo que se jugaba en 1982. Progresivamente ha ido incorporando nuevas reglas que le han vuelto más exigente, más dinámico, más veloz. Se recuperan los tiempos perdidos, por eso hay tiempos adicionales; no se puede pasar la pelota con el pie o la rodilla al arquero para que éste le tome porque se sanciona con tiro indirecto, hay tarjeta amarilla para quien demore el juego, el partido ganado vale tres puntos, entre otros.

La dinámica contemporánea exige de los futbolistas profesionales no sólo mejor preparación física, sino actitud ganadora, amor y fervor por la camiseta y muchísima creatividad, ésta última parte de la llamada inteligencia kinestésica, una de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Por ello, los jugadores se cotizan en millones de euros, los entrenadores estudian los movimientos del equipo rival y de acuerdo a eso diseñan sus estrategias; y para rematar, el fútbol se ve en televisores LCD y las imágenes nos llegan a través del sistema digital de alta definición (hd) que pone vivos los colores, que nos deslumbra con sus tomas de varios ángulos y en el que es posible ver con nitidez cuando un árbitro se hace merecedor a un aplauso en silencio o a un abucheo multitudinario.

En este nuevo escenario de exigencias, el fútbol peruano, después de España 82 -en la que esa goleada del polaco Lato y compañía es difícil de olvidar-, no se ha ido nunca más a un mundial. Pero los uruguayos llegaron cinco veces y los colombianos, tres. Sí, esos mismos que dejamos moviendo cintura en la soledad fantasmal de El Campín en 1981 llegaron después a varios mundiales. Nosotros estamos fregados, tanto así que con alguna excepción, cada eliminatoria es un penar sin consuelo, un desfile inaudito de lesionados, una vacilada noctámbula que alimenta la farándula, una posibilidad matemática que se esfuma en la tabla de posiciones final, un sempiterno echar de culpas al árbitro, un recurrido puntito que falta y que la perdimos en un empate o en una derrota absurda.

¿Qué pasó?, ¿qué pisó? Como diría el viejo locutor deportivo de las transmisiones de antaño. Pasó que los demás corrieron a la par de las exigencias del fútbol moderno y nosotros, no. Pasó que somos recuerdos de glorias, de la letra del Perú campeón, en tanto otros buscan nuevas glorias con unción. Pasó que la prensa deportiva peruana levanta pedestales a héroes de barro, mientras la estructura podrida de la institucionalidad futbolística pasa como si nada. Y pasó que pisamos en falso al creer que este es un mundo quieto, inmóvil, plano como una cancha, donde basta ponerse una camiseta blanca con una bella franja roja que se ve gloriosa, pero que no se la merecen todos los que la llevan puesta.

¿Qué hacer para renovar el alicaído fútbol peruano? Escuché a Polo Campos, el afamado compositor de “Y se llama Perú”, decir que lo que hay que hacer es crear escuelas de fútbol. Unas escuelas de fútbol, tipo colegio militar, decía don Augusto, donde los chicos acudan a prepararse en este deporte desde los catorce años. Y Phillipe Butters decía que lo que hace falta en la selección es orden y disciplina. Puso el ejemplo de Forlán, talentoso delantero, mejor jugador en Sudáfrica 2010, campeón de la Copa América Argentina 2011, triunfador en clubes europeos, y a pesar de ello, todos vimos cómo fue cambiado por errar un penal y fallar otra ocasión de gol el domingo pasado.

No sé cuántos estarán de acuerdo con el orden y la disciplina, en la forma como lo proponen Polo y Butters. Lo que sí creo es que a nuestros jugadores deberían obligarles a ver, antes de cada comida, el vídeo del uruguayo León jugando esas dos tardes de 1981, toda una lección de amor propio, vergüenza deportiva, disciplina personal, conducta leal, misión definida. Quién sabe si las generaciones de jugadores orientales crecieron viendo y admirando el coraje del derrotado León de 1981 para convertirse después en victoriosos y asiduos concurrentes de esos mundiales que los peruanos vemos pasar tragando saliva.

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2 Comentarios

  1. Así es Moisés, totalmente cierto de nada sirve tener un Markarián si los jugadores no responden, ni un mago la arregla aunque es verdad tambien que Guerrero, Álvarez (la revelación en la defensa) si sudan la camiseta.

  2. Estoy de acuerdo con todo tus comentarios, si el 81 estaba Leon, en la actualidad el peru tiene un 6uerrero!! pero lástimosamente solo uno. Hablando con toda honestidad a nuestros jugadores les falta el amor a la casaquilla, mentalidad ganadora …Gran parte de culpa tienen los dirigentes, con decir que este ultimo partido nos quitaron LA FRANJA. Por que el PERU es la blanquirroja CARAJO!!…en pocas palabras les falta huevos.

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