EL FANATISMO

EL FANATISMO

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Por: Javier Vásquez

El término “Fanático”, proviene del latín fanaticus, el cual deriva de la palabra fanum que significa “templo” o “santuario”.

Es una actitud o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida, irracional y tenaz en defensa de una idea, teoría, cultura, estilo de vida y varios etcéteras. El fanático es una persona que defiende con tenacidad desmedida sus creencias y opiniones, también es aquel que se entusiasma o preocupa ciegamente por algo.

Hoy en día se usa mayormente para designar a las personas por su desmedido proselitismo hacia una causa religiosa o política, hacia un deporte, pasatiempo o hobby, o hacia una persona a quien idolatra.

El fanatismo presenta uno o más de los siguientes rasgos:

Dogmatismo: creencia en una serie de convicciones que no se cuestionan ni razonan y cuya justificación lo es por su propia naturaleza.

Intransigencia: no acepta los análisis críticos de sus ideas o comportamientos.

Maniqueísmo: las diferencias son consideradas de manera radical; no se admiten los matices.

Reduccionismo doctrinal o simplicidad de análisis interpretativo: la diversidad categorial suele encerrarse en pocas categorías contrapuestas: “buenos” y “malos”; “arios” y “no arios”; “fulanos” y “menganos” “del mundo” e “hijos de Dios”.

Discriminación o intolerancia a la diferencia: rechazo de lo que escapa a unos determinados modelos y etiquetas.

Autoritarismo: afán de imponer la propia cultura, estilo o creencias y de forzar a que los demás se adscriban a lo mismo.

Obsesión: El fanático en ocasiones abandona temporalmente una relación o debate, cuando las cosas se le escapan de las manos, aduciendo que la contraparte no está preparada para dialogar, o que no es respetuosa, o que es soberbia.

Y todo este introito es a propósito de lo que podemos cambiar en lo que nos tiene en ese estado a la gran mayoría en estos momentos: el fútbol.

Nada, ni la religión, ni, tal vez, la política, nos pone en ese estado cuando juega Perú. Cuando tenemos buenos resultados somos triunfalistas e intolerantes con el que piensa ligeramente distinto de nosotros, e, inversamente, cuando tenemos resultados mediocres, como en los últimos 20 años en las clasificatorias para el mundial de fútbol, somos fanáticos a la inversa y criticamos despiadadamente al entrenador y jugadores con el mismo apasionamiento con que los alabamos ahora.

La pasión es buena, es bueno sentir que vivimos, que lloramos, que gozamos, que nos enojamos. En exceso nos lleva a posiciones extremas. Si fuéramos más analíticos  sufriríamos probablemente menos, sabríamos contra qué equipo tenemos más posibilidades de triunfar y con quienes mucho menos. Eso es función de los periodistas que, en muchos casos, se comportan de una manera fanática exagerando el adjetivo de las  jugadas que fueron simples, diciendo “golazo” a un gol normal y  esa actitud contribuye mucho a alimentaren nosotros el fanatismo.

Ahora bien, todos estamos contagiados de ello, todos queremos que nos clasifiquemos al mundial, nos pondría a todos en un estado de éxtasis y probablemente, por un poco tiempo, nos haría sentir que somos buenas personas, que aquel que nos caía antipático tiene cosas buenas que no habíamos reparado antes. Luego volvería la realidad, la esperanza de un buen mundial, y si en este no se dieran los resultados esperados, haría resurgir en nosotros ese fanatismo inverso, negativo, completando un círculo que se repetirá por los siglos de los siglos.

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