El agresor de arboles

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Acta diurna 

El agresor de arboles

El ser que más bebió licor en la tierra no fue cualquier alcohólico de estos pastos de embriagadores paisajes. Tampoco fue algún ambicioso de copas y botellas que alcanzó el oscuro reino de los diablos azules. Menos fue  un obstinado glotón etílico  que solo la muerte apartó del vicio. Era un rey. Alfonso El Loco le nombraron los portugueses por su extremismo etílico. Era el mismo mamador de vino y cerveza, pero en cantidades tan  descomunales y oceánicas que suprimió  el agua de su vida. Es decir, cada vez que tenía sed, no iba hacia el grifo, el refresco, sino hacia  las botellas.  Entre los bebedores nuestros de cada día nadie imitó algo tan radical. Pero tomar podía ser desastroso.

En el museo de esta ciudad, hacia enero de 1926, aparece el señor Héctor Jarama. Aparece en singular zampada etílica y en insólita  pelea. Más que achispado, trastabillante, arrojando lisuras, la emprendía a puñetes  y patadas contra los inocentes árboles del  antiguo malecón. El transeúnte que pretendía apartarle de semejante masacre vegetal,  era víctima de feroces insultos.  La intervención de los gendarmes evitó que el insólito agresor continuara en su frondosa violencia.

El ciudadano Héctor Jarama no tenía remedio. En las partes policiales y las crónicas rojas figuraba desde hace tiempo como un depravado agresor de los pobres y serviciales árboles.  Sano y sereno, como tantos beodos, no aplastaba ni un tábano. Pero bastaba que se fuera de copas o botellas para que se volviera un despiadado agresor de la naturaleza. El reiterado arboricidio de tan peregrino ciudadano es un misterio para nosotros después de tantos años.

¿Qué quemante trauma le trajeron los vegetales que vio en su infancia? ¿Le enfurecía que tuvieran hojas y ramas? ¿Detestaba la savia que corría por esos ejemplares que fueron sembrados como adorno? ¿Odiaba que dieran sombra, que limpiaran el aire arrojando  oxígeno? ¿Qué monstruos desatados por algún licor local veía entre las frondosas copas? ¿O todo era gratuito, simple ejecución de una absurda violencia?

Es probable, gracias a la degeneración que trae consigo el licor, que don Héctor  Jarama no se hubiera contentado con agredir de palabra y obra a esos vegetales. En algún momento  se hubiera armado de machetes, hachas y hasta motosierras para exterminar  a esos vegetales del malecón de antes. El brutal agresor de los árboles  de Iquitos nos parece digno del mundo de  hoy, Así, agrediendo a los vegetales, a la  naturaleza y al medio ambiente  viven tantos. En perfecta lucidez, fuera de bares y botellas, lejos de vinos y cervezas y cualquier otro licor, no descansan día y noche.

 

Percy Vílchez Vela

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6 Comentarios

  1. Interesante el comentario de Percy Vilchez. No obstante hay que recalcarle que si algunos se la emprenden con los vegetales en estado etílico, hay que saber porque Percy se la emprende contra la lengua castellana. “Inquilinos en las sombras” es uno de sus pocos libros que leí, que, aparte de estar llenos de fantasías y extraña ficción (¿producto del ayahuasca u otras plantas que lo sacan adeambular perdido por las calles?) está plagado de errores ortográficos detectados por cualquier estudiante secundario.

    Y que si alguno de nuestros ciudadanos de ese u otro apellido se le detuvo por maltratar a las plantas, hay que ver cuantos de otros tantos apellidos loretanos se las emprenden barbaramente contra sus propios conciudadanos, desde la TV, en las radios, en las calles (incluido motocarristas) y demás salvajes que andan por las calles y gobierna la ciudad. … Sí , somos un pueblo infeliz y salvaje en las calles… por lo visto no es de ahora si es cierto lo de Abensur, Jarama, y recordemos a los Zumaetas, Larrañagas y tantos otros genocidas de etnias del Putumayo que no solo acabaron con ellos si no que siguen acabando con la biodiversidad. Con o sin alcohol… y otras hierbas…. con pluma en la mano también.

    • Y ESTO NO ES UNA SALVAJADAPEOR QUE ESTROPEAR ARBOLES?
      Lo que dijo Pancho… ¿sano?:
      “No se olviden que una niña desde que tenga su primer día de ciclo menstrual ya es una mujercita y está preparada ya para concebir y ahí es donde hay que cuidarle y para eso mi reinita me va ayudar, me ha dicho que va ir a los pueblos jóvenes, nosotros le vamos a abastecer hasta con preservativos para que lleve a los pueblos y enseñen a como deben usarlo las niñas, porque hoy en día no es el hombre que debe llevar el preservativo es la mujer porque ella es la que tiene que protegerse, ella es la que va cuidar su integridad y va cuidar a su familia, el hombre, como dicen, es un perro porque no cuida a nadie, engaña a todo el mundo, y por eso ahora nos vamos a dedicar a que sea la mujer la que controle”.

  2. El cuento del Sr Vilchez Vera esta inspirada del editorial fechado mayo6.

    PRO&CONTRA
    Editorial – Mayo 6
    El otro arboricídio del Alcalde
    El 19 de febrero de 1926, el parroquiano Héctor Jarama, en evidente estado de ebriedad, fue detenido y depositado en el calabozo de la intendencia de policía. Su delito fue agredir, maltratar, aporrear, a los árboles del malecón de Iquitos. Es posible que el novedoso agresor tuviera un agudo trauma contra lo verde, la clorofila, el mundo vegetal. Salvando las distancias, los años transcurridos y el consumo de licor, el burgomaestre de Maynas, don Salomón Abensur Díaz, como que tiene un nada secreto trauma contra los árboles. Un mal, al parecer. Incurable. De otra manera no se explica su otro exterminio vegetal que acaba de perpetrar.
    El otro arboricidio del respetable alcalde se consumó ayer, cuando agresivos operarios ediles, vestidos de faena laboral y portando sendas motosierras, procedieron a aniquilar a las bellas y frondosas castañas de esa arteria. Como si nada, como si no fuera un atentado contra la salud de las personas cercanas a esos ejemplares. La palabra exterminio no es una exageración. Es la pura verdad de la milanesa. Los árboles, como víctimas de un atropello enconado, de un vendaval de furias, acabaron convertidos en fragmentos, en pedazos, en lonjas. El único recuerdo de que allí crecieron y brindaron inapreciables servicios a los humanos, quedará entonces en las memorias de los vecinos de esa calle.
    El agresivo señor Jarama, cada vez que empinaba el codo, se iba para el malecón y la emprendía furiosamente contra los pobres árboles. El señor burgomaestre de Maynas es igual de reiterativo, de obsesivo. Porque ni las protestas de los moradores, ni la acción legal de don Aurelio Tang Ramírez le han hecho cambiar. En aras de la lucha contra la contaminación urbana, de respeto a todo lo verde, de culto a la naturaleza que beneficia a todos y todas, exigimos al señor alcalde que explique a la ciudadanía qué ventajas trae a la ciudadanía el exterminio de los árboles que crecen en esta urbe.

  3. “El 19 de febrero de 1926, el parroquiano Héctor Jarama, en evidente estado de ebriedad, fue detenido y depositado en el calabozo de la intendencia de policía. Su delito fue agredir, maltratar, aporrear, a los árboles del malecón de Iquitos”.

    Como de costumbre pseudoperiodistas distorsiona la verdad y toma por estúpidos a sus lectores, con una redacción deplorable, desconocimiento de las fechas que aparecieron las moto-sierras en la Amazonía en fin, solo puedo decir que hasta don Shicshi hace mejor prensa. El mejor ejemplo que no se debe escribir bajo influencia etílica.

  4. Sr. Percy, nos podría aclarar o rectificar talvez, sobre el personaje beodo que atribuye en su nota?( El Agresor de Arboles). Porque a la familia a que se refiere, no conozco a ninguna con esas cualidades, mucho menos enemigo de la naturaleza; al contrario, la mayor parte somos profesionales en ciencias, amantes de la ecología y la Biodiversidad de la Naturaleza Amazónica. Si Ud. ha escogido aquel nombre al azahar, creo que se ha equivocado.

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