Editorial – Setiembre 28

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Indiferencia ante la trata de personas

Nadie hasta ahora puede explicar cómo una ciudad tan turística, tan acogedora, tan ocupada en asuntos ecológicos, tan libre de la basura cotidiana, tan cercana al verdadero progreso, según las variadas y optimistas propagandas oficiales, puede haber caído tan bajo en el mundo de uno de los más graves delitos humanos. Es como si los grandes y ruidosos bailongos, las celebraciones de cualquier cosa, las comilonas a granel, las inauguraciones por doquier, los tantos juegos de azar,  pretendieran ocultar que Iquitos no es lo que parece. En la crónica roja, por ejemplo, ocupa lugares increíblemente altos. En el nefasto rubro de la trata de personas anda por el tercer lugar.

Desde hace tiempo y con tendencia a escalar posiciones y arribar al primer lugar. Porque hasta ahora nada se ha hecho para remediar esta lamentable situación que afecta, sobre todo, a las personas más débiles, a aquellos que no pueden defenderse debido a que vienen de la marginalidad y de la exclusión. Es posible que esas víctimas, como los indios esclavizados o asesinados de antaño, no sean gran cosa para tanta gente, gente que ocupa los variados tronos del poder local.  Que más se puede decir ante esa indiferencia clamorosa de los unos y los otros.  

Lo peor de todo es que los candidatos  de ahora no han dicho ni una palabra sobre ese dramático asunto. En sus agendas no existe el espinoso tema de la trata de personas. Nadie sabe entonces qué harán para acabar con esa lacra social cuando arriben a las poltronas del mando.  Es muy posible entonces que una vez en los altos cargos se quedarán con los brazos cruzados o dirán cualquier cosa como para salir del paso. Después repetirán los malos cuentos de postal sobre esta ciudad con abundantes casos de trata de personas.

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