Editorial – Setiembre 21

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El candidato del dinero regalado

En los últimos tramos de esta nada briosa campaña electoral, el disparate se ha disparado con furia de artillería. Esperpénticos, delirantes, ciertos candidatos no saben qué hacer para llamar la atención del sufrido votante. Uno de ellos, cuyo nombre ni siquiera mencionamos, ha dicho en reciente reunión cada burrada que parece mal cómico de plazuela. Posiblemente la promesa más descabellada que dijo fue la de que va a poner dinero, como si fuera bancario o prestamista, en el bolsillo de los padres de familia. Así como se lee. El arte de gobernar se convertirá entonces en una sucesión de obsequios monetarios, de regalo de billetes nada falsos.

Nadie sabe de dónde, de qué emporio millonario, qué benefactor billetudo o qué financista desinteresado sacará tanto dinero, contante y sonante, para satisfacer las necesidades crematísticas de la población. Nadie sabe tampoco cuánto tiempo el ciudadano tendrá acceso a esa feria regalona. Pero nosotros estamos seguros que en cinco años de entrega de unos cien soles por cabeza, como hacía el gobierno del señor Toledo, todo presupuesto se arruinará. Inclusive, todo canon petrolero, maderero o pesquero, volará en mil pedazos, pues la población está tan necesitada de liquidez que hará colas interminables para acceder a la donación.

En el largo y enciclopédico censo de promesas descabelladas, lanzadas a través de las campañas de antaño y hogaño, el regalo de dinero ocupa un lugar importante.  Es como la coronación del delirio por alcanzar el poder. Pero el aludido personaje debería ser más audaz en su oferta. Debería comenzar ya a entregar el dinero a los que acuden a sus concentraciones. ¿Para qué los iquiteños, los loretanos, tendrían que esperar tanto para comenzar a disfrutar de las entregas monetarias?

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