Editorial – Setiembre 14

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La fuga de las niñas

El poeta Federico García Lorca escribió que la niñez puede ser una fábula de fuentes. Es decir, un lugar de encanto, un sitio de fábula. En alguna parte de la tierra y de la historia. Porque entre nosotros la niñez es un horror, tantas veces. Niños y niñas que trabajan en distintos oficios, que soportan maltratos. Niños y niñas que quedan fuera de la elemental educación. Es decir, infantes sin ningún futuro. A ello se acaba de sumar un hecho lamentable. Del lugar conocido como “Santa Lorena”, sitio que supuestamente brinda protección, abrigo y fortaleza a algunas criaturas desamparadas, se fugaron 15 niñas. En poco tiempo.

En principio, nadie puede escaparse de un lugar ameno y confortable. Nadie puede echar por la borda, alegremente, un hospicio donde tiene atención, alimento y seguridad. Tiene que existir algo incómodo y hasta grave que impulse a tomar la medida extrema de irse por la puerta falsa, entre gallos y medianoche. La fuga no puede ser vista entonces como un simple caso de rebeldía de las niñas, como dice la respetable directora del aludido albergue. No puede ser achacada a ellas como si fueran seres perdidos, sin la capacidad de distinguir entre el bien y el mal.

La fuga de las niñas tiene que verse de otra manera. Porque puede ser una alerta, una advertencia, de una crisis no aparente pero real que afecta a la institución protectora de la niñez perdida. Ello implica la ejecución de una investigación oportuna para detectar las reales causas de esa acción inesperada. No hacer nada y dejar las cosas como están  equivaldría a contribuir al deterioro evidente de esa niñez desvalida de este país. Es decir, dentro de poco podría no existir ni siquiera esa válvula de escape para que la infancia infortunada tenga una oportunidad sobre la tierra.

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